Perder el tren

4 Agosto 2008

Cuando un servicio público se quiere cerrar, se cierra. La estrategia es de sobra conocida pero no por ello menos perversa. La Administración, jaleada por quienes tienen algún interés colateral, suele iniciar el proceso suprimiendo puestos de trabajo. De ahí, y con las primeras molestias para los usuarios se pasa a la reducción de gastos de mantenimiento, al mantenimiento de infraestructuras obsoletas, a las averías constantes y los retrasos… y así se va produciendo un goteo de deserciones en los usuarios, cansados por el mal funcionamiento del servicio público, por la impotencia de no tener dónde quejarse o quien les escuche por el continuo maltrato, por el incumplimiento reiterado de las cláusulas generales de la contratación. Y por fin, la frase mágica: “el servicio es deficitario”. O peor aún, “la línea ya no es rentable”, que no sólo no es lo mismo, sino que resulta más ofensivo.

 

Durante todo ese proceso, la izquierda que defiende lo público se encuentra ante la tesitura de contribuir al jaleo mediático y político contra los gestores del servicio público o callar, consciente de que sólo una excusa bastará para privatizar, disminuir o suprimir servicios.

 

El problema de fondo, el sustancial y del que no debaten los Fernandos, es que en algunos casos, hay ciudadanos que no se pueden permitir el lujo de desertar, de declararse insumisos, de castigar a la empresa con la pérdida de un cliente. Es el caso, por ejemplo, de los usuarios del mítico –porque es un tren de los años 60- TALGO III “Miguel de Unamuno” que renquea diariamente entre Salamanca y Barcelona. Al margen de lo importante que es tener una buena comunicación por vía férrea con Cataluña, ese tren podría ser un instrumento más de cohesión, de vertebración regional e interregional, un instrumento al servicio de quienes viven en zonas deprimidas, en el mundo rural o en capitales de provincia. Cuando esa línea se cierre –y todo se andará- la única comunicación importante por vía férrea con Salamanca será la de Madrid y la del País Vasco (mientras dure).

 

Y mientras tanto, en el Salón de Plenos Municipal se discute sobre si es más rápido ir de Madrid a Salamanca en 80 minutos o en 1`2 horas. La batalla dialéctica se centra, de una parte, en demostrar que el PSOE mintió prometiendo AVE (cosa que es cierta) y de otra, en dejar claro que es mejor combinar el transporte de pasajeros y mercancías si la duración del trayecto es la misma (que lo es). Pero, ¿alguien se ha preguntado como estaban las comunicaciones por vía férrea hace 30 años y qué es lo que queda ahora? Salamanca, por la incapacidad del PP y la política ferroviaria del PSOE, vuelve a perder el tren.

No estaría mal que ambos cayeran en la cuenta de que cuando se cierra un tren todos perdemos.

Supresión de la línea SALAMANCA – BARCELONA, otro golpe al Ferrocarril

2 Agosto 2008

Consideramos una noticia nefasta para Salamanca que de nuevo un Gobierno Socialista, y RENFE vayan a asestar un duro golpe al ferrocarril convencional.

La supresión parcial o total –aún no aclarada- del servicio ferroviario entre Salamanca y Barcelona supondría entre otras cosas, dejar como única conexión de larga distancia la línea Salamanca Bilbao-Irún

Del mismo modo, perder el tren de Barcelona supone otro golpe a las comunicaciones regionales entre ciudades como Salamanca y Valladolid o Burgos.

La excusa de la potenciación de la línea de media distancia con Palencia no nos es válida. Tampoco la sustitución de los trenes actuales por los de ancho variable los trenes con esas características que tiene RENFE, los Alvia, son de tracción eléctrica y hasta que no se electrifique la línea férrea es imposible que lleguen a Salamanca.

¿Qué hay por lo tanto detrás de este cierre?

Una supresión de líneas consideradas poco rentables y una apuesta por la Alta Velocidad.

En el primer caso, las sospechas acaban por cumplirse. Nadie comprende que a día de hoy la comunicación con Barcelona se realizara en el mítico “Miguel de Unamuno”, un Talgo III de los años 60. Da la impresión de que no se invierte para que un servicio no sea atractivo y cuando no es atractivo ni rentable ya hay excusa para cerrarlo.

En el segundo caso, la apuesta por la Alta Velocidad, la supresión de esta línea al tiempo que RENFE destina el 90% de su presupuesto en líneas de alta velocidad debería ser un aviso para navegantes, especialmente del PP y del PSOE.

Para ciudadanos de Salamanca, Miranda de Ebro, Venta de Baños y otras muchas localidades por las que pasaba este ferrocarril, la Alta Velocidad es el no tren. Ahora no les queda nada.

www.iusalamanca.org

 

No es sólo una Plaza

28 Julio 2008

No es sólo una plaza. Tampoco puede reducirse a la posibilidad de que aparezcan restos arqueológicos de la vieja Iglesia de Santo Tomé entre otras cosas porque las catas no se harán donde éstos pudieran aparecer. La oposición al aparcamiento subterráneo que obsesiona a Zarza y Lanzarote y que tiene tan persuadida a media ciudad como cabreada a la mitad restante va mucho más allá de los restos o del cedro centenario.

Porque hacer un aparcamiento subterráneo a cien metros de la Plaza Mayor supone una amenaza para un Patrimonio Histórico ya muy mermado, porque ese parking no es necesario a juzgar por los parking que existen en el centro y sobre todo, porque es irracional proyectar un aparcamiento en el “pulmón” turístico y patrimonial de esta ciudad, en un centro que debería estar completamente peatonalizado.

Que la crisis energética contribuye a restar oportunismo a este aparcamiento es algo tan evidente como que los males del pequeño comercio tienen mucho más que ver con una regulación de horarios comerciales y de ocupación de grandes superficies a la que Zarza y Mesonero nunca se opusieron que con la ausencia de aparcamientos en el centro de la ciudad. La gente acude en masa un domingo al Centro Comercial porque ha triunfado un modelo cultural muy determinado. Porque las grandes superficies son quienes se mejor se han aprovechado de la flexibilidad del mercado laboral y porque las ciudades han perdido a un ritmo vertiginoso su configuración como espacios de ocio y de interacción social.

Ni regalando el aparcamiento los domingos el comercio local conseguiría frenar la huída de las masas al Centro Comercial, enfervorizadas por ofertas, ludotecas, multicines, y franquicias en la que es tan fácil comprar como mangar o que te devuelvan el dinero. Pero, a grandes incapacidades, mayores despropósitos. Parking a la vista.

La losa del aparcamiento golpea a quienes defienden una plaza que –tal y como está- forma parte de la idiosincrasia de esta ciudad. Curiosa forma, la de Lanzarote, de luchar contra el cambio climático. Planta un árbol y tala diez. Le pones un Museo Nacional y un Centro de la Memoria y te destroza la plaza con un aparcamiento.

Decía Ortega que la diferencia entre el hombre y el animal es que el uno es heredero y el otro, mero descendiente. Los míos, si los tengo, verán granito, ventiladores, inmobiliarias, bancos y tiendas de móviles donde un día hubo una plaza, y cerca unos cines y una mantequería, y negocios de más de cien (años); un espacio de balones, pipas y primeros morreos, un lugar en el que sentarse a la sombra de un cedro a leer o a novelar.

Es algo más que una plaza. Es el modelo de ciudad. ¡Los Bandos sin aparcamiento!

El Trono y el Altar

21 Julio 2008

 

Que las fiestas locales tienen un fuerte arraigo de tradición religiosa en innegable. Santa Marta de Tormes por ejemplo, tiene un nombre religioso, el de su patrona, y su fiesta grande se celebra el día 29 de julio, día señalado por el Santoral.

No voy a cuestionar a estas alturas determinadas tradiciones ni la conveniencia o no, de hacer coincidir las fiestas locales con las patronales. Sin embargo, conviene hacer una reflexión sobre el contenido del artículo 16.3 de la Constitución (ninguna confesión tendrá carácter estatal) y su cumplimiento en algunas localidades, a tenor de la invitación formal que el Ayuntamiento de Santa Marta ha realizado para participar en la Misa de Honor a la Patrona, Ofrenda Floral, Procesión y Recepción por parte de la Corporación.

En primer lugar hay que señalar que, si dentro del programa de fiestas, se quiere incluir una misa y una ofrenda de los fieles a su patrona poca gente se opondría. Otra cosa bien diferente es el rango que se le dé a dicho acto religioso, y el papel que en él deban jugar los cargos públicos, representantes de una administración que debe actuar con imparcialidad, aconfesionalidad y sometimiento pleno a la Ley y a Derecho.

No se cuestiona que un concejal que es católico vaya a esa misa, sino que la Corporación Municipal tenga un lugar preferente en un rito religioso, y que además deba jugar un papel determinado (acudir con la medalla, salir luego en procesión, etc).

Todavía más discutible es que la Teniente de Alcalde, vaya a realizar una ofrenda floral a la patrona, y que ésta forme parte del acto oficial representando (teóricamente) a toda la corporación, ya que en este caso se produce una lesión de la libertad religiosa de los concejales que optan por no participar. El desequilibrio es evidente.

Y no es que nos incomode que la gente viva las fiestas con devoción a su patrona, sino que consideramos sencillamente inapropiado, que en un estado aconfesional, se sigan mezclando las instituciones políticas y religiosas.

La necesaria "cooperación con la Iglesia Católica” ("y demás confesiones") no tiene nada que ver con la participación de una Corporación Municipal en un acto religioso. Una cosa es que las administraciones respeten las creencias de sus ciudadanos e incluso faciliten su práctica religiosa y otra bien diferente, que los representantes del conjunto de los ciudadanos (creyentes de diferentes confesiones, agnósticos y ateos) acaben formando parte de un rito religioso.

Hoy toca en Santa Marta. Después vendrán las Vírgenes de Agosto y en septiembre la Virgen de la Vega. Convendría en todos los casos adecuarse a la Constitución y no confundir –como algunos añoran- el Trono y el Altar.