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2011
¿Sin preguntas no hay cobertura?
Por fin los periodistas empiezan a rebelarse contra las “nuevas formas de comunicación política”: si los candidatos no aceptan preguntas, no hay cobertura política. La iniciativa promovida por periodistas como Julia Otero o Juan Ramón Lucas es francamente buena y de ser secundada no sólo por los profesionales de los medios, sino por quienes los dirigen, obligaría a más de uno a replantearse sus estrategias de comunicación. Ahora bien, conviene analizar el fondo del asunto, porque más allá de una decisión “privada e individual” de comparecer públicamente como mejor le convenga, ¿por qué es inaceptable que un político no acepte preguntas?
Para empezar porque los medios de comunicación tienen asignada una función con reconocimiento constitucional: informar con veracidad y libertad. Y no hay una cosa sin la otra. El político, que no está por encima del bien o del mal, tiene la obligación de informar, de posicionarse y de facilitar que los periodistas ejerzan su libertad de preguntar para poder contar su verdad y que la política no se convierta en un espectáculo donde reiteradamente se `imbeciliza´ al ciudadano.
En segundo lugar, porque si los partidos reciben cientos de millones de euros del erario público para canalizar la participación política, es intolerable que sus protagonistas se nieguen a responder a preguntas que habitualmente tienen enjundia y persiguen que el político hable de lo que interesa al ciudadano y no de lo que le interesa a él.
En tercer lugar porque la política no puede ser unidireccional. Lo que aleja a los ciudadanos de la política es el afán de los políticos por utilizar a los ciudadanos, hacerse fotos con ellos, rodearse de un séquito de fotógrafos, jóvenes con banderitas, etc y sin embargo, negar la posibilidad de que se les pregunte, huir persistentemente del debate, no confrontar opiniones. Cada vez más circo y cada vez menos política.
Ahora bien, todo derecho debiera ir acompañado de sus obligaciones de la responsabilidad de saber ejercerlo. Del mismo modo que el ciudadano se pregunta por qué los profesionales de los medios aguantan determinadas imposiciones, algunos nos sentimos humillados al comprobar que la verdad importa menos que la noticia, o que a quienes siempre nos hemos comprometido a contestar se nos hacen muy pocas preguntas, o se les concede una cobertura más que censurable.
Las buenas conferencias de prensa son aquellas en las que los políticos responden enjundia y los periodistas preguntan con audacia. Y la democracia, sólo pude ser plena, si los medios no deciden quién o qué es lo importante mientras ningunean a determinadas opciones y menos, si esas son las que hablan de cosas diferentes.
En la manifestación del Primero de Mayo, la Periodista (nótese la mayúscula) Rosana Hernández, preguntó al candidato de IU Antonio Moreno por su posición respecto a las preguntas en las ruedas de prensa: “yo soy profesor y no concibo una clase sin preguntas. Si los alumnos no las hacen, mal síntoma, si yo nos las aceptara, debería echarme”. Pero por desgracia, todavía hay algo más deleznable: los políticos que no responden a la oposición y acto seguido responden a una prensa cautiva. Y no nos engañemos, eso pasa desde hace años en Salamanca y nunca disminuyó su cobertura.
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