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2011
¿También Marqués?
Lanzarote prefería el título de Marqués de Salamanca o Marqués del Tormes, pero finalmente Vicente del Bosque será Marqués de Del Bosque. Los títulos no se eligen, ni se discuten, y tampoco es estrictamente necesario merecerlos. Los concede el Rey conforme a una legislación nobiliaria con amparo constitucional que da continuidad a una tradición, la de otorgar títulos nobiliarios, abolida durante el breve periodo republicano y restaurada por Franco en sus Leyes Fundamentales.
Pese a su corto recorrido político y jurídico, la cuestión merece varios comentarios.
En primer lugar, no estaría de más replantearse la conveniencia de la prerrogativa regia de otorgar títulos nobiliarios. Por mucho que el Monarca se adecue a los nuevos tiempos y justifique las mencionadas concesiones y escoja a personas de prestigio o reconocimiento popular, lo cierto es que en un sistema democrático, todo reconocimiento público debe inspirarse en los principios de igualdad, mérito y capacidad, o sino, en el de la legitimación que otorga el sufragio. Que los ciudadanos “traguemos” con el sistema monárquico no significa que nos creamos que la Corona es una institución democrática: los gestos de cercanía al pueblo sobran tanto como los títulos de origen feudal.
En segundo lugar, es menester hacer una reflexión crítica sobre la obsesión que tenemos por conceder distinciones. Del Bosque ganó el Mundial este verano, como antes había ganado siete Ligas, dos Copas del Rey, dos Copas de Europa, e incluso una “Copa Toyota”. Su carácter es admirado, por humilde, por tesonero y por honesto en su quehacer, pero, tal y como nos recordó al ser nombrado Hijo Predilecto de la ciudad, “se limita a hacer su trabajo”. ¿De verdad es necesario que cada Institución organice un homenaje? ¿Pretendemos agasajar a Del Bosque u obtener réditos políticos?: Hijo Predilecto, Medalla de Oro de la Diputación, Insignia de Oro de Guijuelo, Consejero de Iberdrola… No me quito de encima la sensación de que los “reconocimientos políticos” también sufren inflación, y la primera manifestación de la inflación no es otra cosa que la devaluación del título. Ya no basta con haber sido un buen deportista, o haber ganado títulos, ahora hay que conceder “el más”, “el mejor”, “el único”. Y a cada logro deportivo, o a cada persona que se pone de moda, se le otorgan mayores distinciones en una carrera que roza lo estúpido. El título de noble chirría en una persona discreta como Del Bosque.
En tercer lugar, la concesión de reconocimientos tras importantes victorias amén de oportunista siempre es algo injusta: Del Bosque es ahora una figura importante como cuando ganó la Copa de Europa. ¿Por qué ahora y no entonces? ¿Por qué sólo a Del Bosque? ¿Dónde quedan los perdedores en un deporte? ¿Nadie es consciente de lo efímeras que son las victorias?.
Termino: el Rey ha otorgado unos 40 títulos nobiliarios desde que es monarca. Uno de ellos a Del Bosque. ¿Es para tanto? Me da la impresión de que el Rey, en plena crisis se suma al pan y fútbol. Y eso, precisamente, es injusto para Del Bosque.
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