sep
5
2010

ETA y el secuestro de la política








Que ETA anuncie una tregua y toda la actualidad política se concentre en torno a su comunicado no es sino un síntoma de que –en apariencia- los tiempos los sigue manejando ETA y que por lo tanto, la política sigue subordinada a los dictados de una organización criminal que enmascara su actuación como “violencia política”.

 

Pero las apariencias pueden ser engañosas y los pronunciamientos categóricos están reñidos con la necesaria prudencia que requiere la racionalización política de un estigma como el que el terrorismo representa para el Estado de Derecho.

Lo que todos añoramos es el cese definitivo de la violencia, la rendición de ETA, la entrega de las armas, y la petición de perdón a las víctimas… y a ser posible sin que el Estado haga concesión alguna, y además, sin que los que hasta ayer lamentaban pero no condenaban vuelvan a las instituciones. Pero, por mucho que la derrota policial de ETA sea relativamente cercana, resulta quimérico pensar que el fin de ETA sea posible dejando la política al margen.

 

Y, precisamente porque lo prioritario es la soberanía de la política, es necesario determinar cuáles son las líneas rojas que un Estado de Derecho debe mantener infranqueables.

 

En mi opinión, la actual tregua debe servir únicamente para que la sociedad y el Ministerio del Interior -por qué no decirlo- puedan verificar qué hay de cierto en los últimos movimientos en la izquierda abertzale. Quizás yo sea un ingenuo pero sospecho que por primera vez ETA va dos pasos por detrás de su marca política. Hasta ahora, lo sangrante eran los atentados de ETA y lo intolerable era ver a sus marionetas interpretando un guión en las instituciones, o en la calle. Ahora, sospecho, la presión social contra la violencia produce asfixia en una organización diezmada y con fugas importantes.

 

Quizás lo relevante no sea si ETA se va a rendir porque no tiene apoyo político, porque se ve cercada policialmente o porque ha desistido de sus objetivos, sino el hecho de que por primera vez la izquierda abertzale se esté atreviendo a independizarse de la violencia, a exigir protagonismo y soberanía para la política. Aquí no se dirime la bondad de una organización perversa, ni la moralidad de su decisión unilateral de tregua, sino la trascendencia de su comunicado y las posibilidades de un triunfo definitivo de la paz.

 

A partir de ahí, como decía, es importante que el Estado no altere su guión, pues aún atruena en nuestros oídos el bombazo de la T-4 y su negra humareda en plena tregua indefinida induce pesimismo e impone cautela. Si ETA quiere entablar una negociación más vale que delegue en los políticos y si estos aspiran a volver a las instituciones, parece obligado que demuestren su voluntad de respetar las reglas de juego de la democracia.

 

Luego solo hará falta que los unos tengan voluntad de paz, y que para algún otro, ese hipotético escenario, no suponga una inconveniencia electoral.

 

  • http://ceronegativo.net/2010/09/06/tregua-de-eta/ Tregua de ETA: Un primer paso (Quizás, Quizás, Quizás)

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