30
2010
(desin)formar a los parados
No es lo mismo crear empleo que desinflar la lista del paro. La última propuesta del PSOE aprobada en el Senado no es sino el culmen de una reforma laboral que preveía abaratar el despido y ahora requiere de un alivio en el coste del desempleo. Sólo desde esta óptica puede entenderse que el PSOE recupere una fórmula ensayada toscamente por el ínclito Aznar en 2002: forzar a los parados a aceptar ofertas de empleo o de formación.
El problema del desempleo no es (sólo) un problema de falta de formación, es algo mucho más complejo y urde su raíz en la propia esencia de la idea capitalista y nuestro colmatado y precario modelo productivo.
De una parte, porque en épocas de bonanza económica se incentivó el abandono de la etapa formativa en aras de empleos de escasa o ninguna formación pero con sueldos atractivos para los más jóvenes o los menos formados: frente al aburrido sistema escolar el mercado laboral se ofrecía como paraíso terrenal en forma de salario mileurista. Ahora que la crisis se está cebando con aquellos que abandonaron la formación básica, la pregunta es obligada: ¿la formación que ofrece
De otra, porque nunca una generación como la de Naranjito acumuló tanto título de Licenciado, Máster, doble titulación y cursos especializados. Sin embargo, el éxodo de universitarios que huye en busca de un empleo acorde a su formación es tan preocupante como el de personas resignadas a aceptar empleos malpagados y sin derechos. ¿Qué tiene que ocurrir para que el mercado ofrezca puestos de trabajo acordes a semejante currículo? ¿De verdad la solución pasa por presionar a este tipo de desempleados para que vuelvan a las aulas a formarse?
Con la reforma laboral, el Gobierno pretende aliviar sus problemas y no los de un tejido productivo endémico y endeble. La última ocurrencia del Ministerio de Trabajo tiene que ver mucho con una concepción del desempleado como un vago que pretende vivir subsidiado. Así, no es extraño que al Gobierno le haya dado por introducir una modificación que pretende entretener al parado que jamás encontrará empleo, ahuyentar al que pensaba apuntarse al Servicio Público de Empleo y tener controlado a quien ejerce un derecho como lo es el cobro del desempleo.
Una patronal que sólo contrata si le es barato despedir, y que sólo arriesga si hay subvención mediante, necesita al tiempo una masa de trabajadores que anteponga su necesidad de comer a sus derechos, y de un gobierno cómplice. Lo primero es consustancial al sistema capitalista (ya nos lo enseñó Marx hace dos siglos). A lo segundo, se viene aplicando con fervor desde hace tiempo el Partido Socialista Obrero Español.
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