ago
8
2010

Ante todo (evitar) la democracia

Allá por el año 2002, el Presidente Aznar se sentía invulnerable hasta el punto de compartir pies sobre mesilla con el amigo americano. Las cosas se le fueron torciendo cuando menospreció una convocatoria de Huelga General. Para evitar quemarse en un Debate de Estado de la Nación, y como hubiera hecho Nerón, pero con más sofisticación, echó al fuego a medio Gobierno, movió a Aguirre del Senado hacia la Puerta del Sol, y mandó a su denostado Gallardón rumbo a la Plaza de la Villa. Luego vendría el Prestige, la corrupción balear, la guerra de Irak, y más tarde, el dedazo para nombrar a Rajoy candidato, el 11M, y el cataclismo electoral.

Zapatero aprende rápido. Como hacía Aznar cuando le venían mal dadas, retrasó el Debate del Estado de la Nación hasta el tórrido verano, y ahora, para que nadie señale sus pésimos augurios electorales, juega en Madrid al mus y al ajedrez, olvidando que tras cada órdago y cada movimiento de peón, están los problemas de la gente.

Leo asombrado que Zapatero suspendió su reunión con Tomás Gómez, Secretario General del PSM, para lograr -horas más tarde- un encuentro secreto. El PSOE repite hasta la saciedad dos máximas: “no importan las encuestas sino remontar la crisis” y “ante todo, democracia”. Pero de sus hechos se colige precisamente lo contrario: una (supuesta) encuesta interna ha centrado el serial de un verano en el que no se quiere hablar de paro, crisis, ni huelga general; y las primarias a las que se ve abocado el PSOE en Madrid, se han intentado evitar a toda costa desde Moncloa.

Pero el problema que Tomás Gómez le ha causado a Zapatero tiene más aristas y entronca con la crisis de los partidos y la calidad de la democracia. No hay ninguna diferencia entre lo que el PSOE criticaba a Aznar -el dedazo para elegir a Rajoy- y la actitud de un Zapatero esperando la rendición de Tomás Gómez, al que él mismo   sacó hace tres años de su plácida alcaldía de Parla para encomendarle la misión de derrotar a Aguirre. Al igual que hacía entonces el PP, las decisiones de partido se adoptan desde Moncloa, confundiendo una vez más lo institucional y lo partidista.

El PSOE queda de nuevo, reducido a una maquinaria electoral donde los militantes no importan y lo relevante es permanecer en el poder. Si el PSOE está dispuesto a quemar a su Secretario General por una encuesta, poco puede esperarse de su candidata en caso de derrota. Que el PSOE construya su presente a golpe de encuesta es grave, pero lo dramático vendrá después, si en  las elecciones su candidata no da los resultados previstos. ¿Quién hará entonces oposición a Aguirre? El PSOE no.

Finalmente la crisis del PSOE para elegir candidato pone de relieve un problema consustancial a la existencia de los partidos políticos. De una parte, los militantes consideran  que la decisión de elegir a un candidato u otro les corresponde a ellos mediante elecciones primarias. Otros critican las posibles interferencias y señalan que entre compañeros no puede haber confrontación más que en los órganos elegidos en un proceso asambleario, a los que otorgan en exclusiva el poder de elección. Y más allá, la sociedad achaca a los partidos que, siempre que los aparatos entran en juego, las decisiones suelen ser equivocadas. Más de uno se ha preguntado sobre las razones que llevan a un partido a “marginar” a políticos que gozan de buena opinión generalizada extramuros de los comités.

No se si el numantino Tomás Gomez hará valer su apoyo interno o primará el tirón de Trinidad Jiménez, pero de triunfar ésta, una vez más habrá quien opine que difícilmente un político puede valer para un roto y un descosido.

About the Author: Gorka Esparza

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