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2010
Fútbol, deuda del pueblo

Deben más de 607 millones de euros a
Ejemplo paradigmático: el Real Madrid. En el año 2000 acumulaba una deuda de más 270 millones de Euros. Supuestamente, el Florentinato puso fin a la deuda con la fórmula mágica de conseguir que el Ayuntamiento de Madrid recalificase su Ciudad Deportiva, convirtiendo el césped que vio crecer a “
Para entonces, Florentino Pérez ya había conseguido de un amigo pepero, presidente de Caja Madrid, un aval de 72 millones para fichar a Luis Figo, cifra superada el año pasado por los100 millones prestados para fichar a CR9. La misma Caja ahogaba al tiempo a las pymes y hacía realidad el sueño de Florentino. Las dos caras de la crisis.
Seis entrenadores y 405 millones invertidos en fichajes –para conseguir una Champions y dos Ligas- no fueron suficientes para hacer cambiar la imagen de buen gestor con que contaba Florentino. Volvió, invirtió otros 250 millones, fracasó estrepitosamente y ahora se agarra al clavo ardiendo de Mourinho, operación que ronda los 88 millones de euros, más lo que habrá que abonar por el despedido del Sr. Pellegrini.
El negocio sería ruinoso, si no fuera porque las administraciones y el dinero público siempre respaldarán al fútbol profesional, sean clubes –lo que no los convierte en entidades públicas- o sean sociedades anónimas deportivas.
Si hoy, por mor de la crisis, en España (casi) todo es revisable, no es concebible, ni aceptable, que el fútbol siga sosteniendo un modelo en el que los empresarios tiran la casa por la ventana, algunos futbolistas y entrenadores se hacen de oro, y acaban pagando los desmanes los ciudadanos.
Porque no lo olvidemos, detrás de cada gran fichaje y cada fracaso deportivo, siempre hay ayudas institucionales, permutas de suelo, aplazamientos de deuda que jamás se le otorgarían a otro tipo de empresario, y dinero de televisiones privadas que por supuesto han conseguido un plan de rescate por parte del Gobierno, en forma de publicidad.
Nadie niega que el fútbol de élite sea un estímulo para el deporte. Cierto es que los equipos compiten con el nombre de unas ciudades y que a ellas se desplazan cantidades importantes de aficionados. Pero da la impresión de que el sacrificio público y colectivo es mayor que el beneficio, sobre todo porque los clubes nunca solidarizan sus ganancias.
Desconfíen de todo dirigente deportivo que justifique las escandalosas cifras con ganancias en publicidad, prestigio social o futuros éxitos. Esos mismos serán los que exijan esfuerzos a la sociedad cuando vengan mal dadas… y si la crisis aprieta ya a lo público, este modelo de fútbol pronto estará ahogado.
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