may
23
2010
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2010
La imagen y las palabras
Hay fotos que no dejan indiferente a nadie. Son aquellas ante las que el lector del periódico no permanece ajeno. A veces, tras el primer vistazo, se pasa la página y es al rato cuando uno vuelve a observarlas. Lo que en principio era una foto sin color, adquiere diferentes tonalidades en función del estado de ánimo. En otras ocasiones, la fotografía es como un imán: atrae la mirada del lector con la misma intensidad con que repele otras noticias; parece imposible concentrarse en otra cosa que no sea esa foto, observada decenas de veces en diferentes lapsos de tiempo.
Llego de un viaje a Barcelona y me encuentro el buzón saturado de periódicos que bien podrían ir directamente al contendor del reciclado… los recojo, los ordeno por fechas, los apilo y busco grandes titulares… y aparecen las fotos. La primera, la de Zapatero, Presidente del Gobierno y Presidente de turno de la U.E, saludando a Porfirio Lobo, Presidente de Honduras, elegido en unas elecciones antidemocráticas pues se convocaron tras el golpe que supuso la caída de Manuel Zelaya.
La sonrisa de Lobo y su orondo perfil responden al arquetipo de profesional del poder ejercido desde la política. Los gestos no se improvisan, y los políticos viven de la foto. Lobo no es un cardenal al que la gente le bese la mano, ni un banquero al que el dinero le sobre y le permita ser frío y distante. Necesita legitimar su estampa y Zapatero y la UE le han servido la ocasión en bandeja de plata.
La mirada de Zapatero es cínica, y está marcada por la urgencia: el tiempo apremia y no es precisamente Lobo el invitado que Zapatero espera como agua de mayo. La ausencia de escudos oficiales y la frialdad del escenario escogido para el apretón de manos, revelan el estado de ansiedad política en el que Zapatero lleva instalado desde hace tiempo. Por un lado los principios, por otro la estrategia, y de fondo y como siempre, las imposiciones de un Obama lo suficientemente hábil como para que el trabajo sucio se lo haga Europa. Horas más tarde y en Internet, una imagen similar. Cambia uno de los protagonistas, pues a la izquierda está Rajoy. Lobo ha sido recibido en España por el Gobierno y la Oposición, por los líderes de la “izquierda” y la derecha. Lo dicho, Honduras vuelve a ser una democracia.

Cambio de periódico y protagonistas. El matador, Julio Aparicio prendido por Opíparo, un morlaco de 550 kilos, que pese a estar al borde de la muerte altera el guión. De pronto no hay final feliz en un espectáculo de suspense. La plaza se acongoja. El pitón izquierdo atraviesa la mandíbula del torero, destroza los tejidos y asoma por la boca; el fotógrafo hace click en el momento crucial y la estampa da la vuelta al mundo plasmada en las portadas de periódicos. Mi primer impulso es el de reprender al mensajero: la fotografía me altera la digestión. Observo de nuevo la imagen, al diestro entregado a su suerte, a un toro noble y moribundo, corneando más por accidente que por astucia u orgullo, y me parece obligado publicitarla y reflexionar sobre un arte, una cultura, admirada por millones de personas, pero cuya esencia puede resumirse en esa fotografía: violencia y un sufrimiento desgarrador.
Verba volant, scripta manent. Si las palabras se las lleva el viento, que las fotografías perduren como invitación a la observación, la audacia y la reflexión.
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