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El legado de Zapatero

 

Ante la crisis económica Zapatero tenía -en síntesis- dos posibilidades: optar por reducir el déficit, gastando menos, o tratar de recaudar más para mantener las políticas públicas de las que tanto ha presumido cuando venían bien dadas. Dicho de otra manera, tenía que priorizar entre la soberanía política o los dictados del mercado.
 
Y como no podía ser de otra manera, Zapatero optó por lo fácil: recortar el salario de quienes tenía más cerca (los funcionarios), gastar menos en quienes tampoco sabían con certeza cuanto iban a percibir (los dependientes), empobrecer a los jubilados y por supuesto, recortar la inversión pública, para que Obama, el PP y el mundo financiero estén tranquilos. Y todos contentos, que de inmediato subió la Bolsa.
 
El Plan de Ajuste de Zapatero, presentado de modo torticero como necesario e inevitable, pretende solidarizar una crisis estructural y hacer pagar culpas que tienen como responsables exclusivos a unos pocos. Si de inicio la realidad era insultante –recorte salarial sí, subida de impuestos ya hablaremos-, a las pocas horas, los diferentes líderes del PSOE y parte de su batallón mediático, con el “aventajado” Óscar López a la cabeza, acertaron con la consigna: “toca ponerse la camiseta de España”, que es parecido a lo de “esto sólo lo arreglamos entre todos” pero en cutre, pues  ya se sabe: el intelectual en cuestión es “pura simpleza”.
 
Dicho de otra manera, en el supuesto día más difícil de Zapatero, el Gobierno optó por los débiles y envalentonó a los fuertes, que ya no se conforman con el despido libre, la privatización de las Cajas, o la congelación salarial. Ahora reclamarán la privatización de la sanidad y la educación, y sino, al tiempo.
 
Las medidas de Zapatero además de innecesarias eran evitables, no porque la crisis –en sus aspectos coyunturales- fuera previsible y su magnitud fácilmente calculable, sino porque, sabiendo las deficiencias estructurales de un sistema perverso como el capitalista, Zapatero se dedicó a regalar 400 euros –sin diferenciar rentas-, apostó por el cheque bebé sin poner un duro para Escuelas Infantiles públicas, y sobre todo, bajó el impuesto de sociedades y eliminó el Impuesto de Patrimonio. Hasta tal punto, el mundo feliz de Zapatero y el de los potentados era el mismo, que estos, declaraban pagar menos IRPF que los asalariados.
 
Si a Zapatero le preocupan los ciudadanos, debió ser valiente y poner un plan inmediato para recuperar ese dinero negro que en España representa el 23% del PIB, debió recuperar el Impuesto de Patrimonio (que reportaría exactamente lo mismo que lo que se obtendrá de sisar a los funcionarios), debió revisar la Ley de Contratos de la Administración, para poner fin al choriceo y los sobrecostes, y sobre todo, debió dejar sin efecto cualquier ocurrencia –como recortar la inversión pública- si previamente no había revisado el tipo impositivo de las SICAV.
 
Horas después de todo ello, el Juez Garzón es suspendido por un Consejo General del Poder Judicial partidista, podrido y deslegitimado que se recuerda. La España de Zapatero, la que hasta hace poro era la octava potencia económica “y la primera en derechos sociales”, se ha convertido en el país de las maravillas para la CEOE, los especuladores, y para la Falange. ¡Y todo ello con Rajoy en la oposición!
Y ahora si me disculpan, me voy a vomitar.
 
Publicado en El Adelanto el 17 de mayo de 2010

 

 

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