abr
19
2010

Egunkaria: crónica de un escándalo

 

Hace ahora siete años, el cantante Fermín Muguruza (Kortatu, Negu Gorriak, etc) subió a recoger el premio a la mejor canción en euskara, que se le entregaba en Madrid en los Premios de la Música. El auditorio comenzó a silbar su breve alocución, en la que dedicó el premio a Martxelo Otamendi, director de Egunkaria, periódico editado íntegramente en Euskara y que semanas antes había sido secuestrado y clausurado por el Juez instructor, Juan del Olmo.
 
Ver hoy las imágenes de aquella entrega de premios produce sonrojo y vergüenza ajena. Muguruza relacionó la “guerra global” con la persecución de ideas y el cierre de periódicos: el macartismo del siglo XXI. Y el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio.
 
En la Sentencia de la Audiencia Nacional publicada el pasado 12 de abril, se absuelve a los editores del periódico, acusados de colaboración con banda armada, señalándose además que “el cierre temporal de un medio de comunicación impreso de periodicidad diaria como medida cautelar es de difícil encaje en nuestro ordenamiento jurídico” (nótese que esta es una de las afirmaciones más suaves de la Sentencia). Ha quedado acreditado, probado y juzgado, que ni en las noticias, ni en los artículos de opinión se hacía apología del terrorismo, ni por supuesto, se colaboraba con los criminales de ETA. Simplemente se editaba un periódico en lengua vasca y eso, en 2003, en pleno aznarato y con la doctrina Mayor Oreja, significaba un verdadero peligro para el Estado.
 
Hoy lo relevante no es que la Sentencia haya hecho justicia, sino de qué forma se reacciona cuando se absuelve a varias personas a las que durante 7 años se ha tomado por terroristas, a las que se ha clausurado su periódico y se ha hundido su proyecto editorial y empresarial. Y ello, por no hablar de las familias que fueron al paro, víctimas de semejante disparate jurídico.
 
La reacción mediática, silenciando una sentencia que ha supuesto un verdadero varapalo para el instructor y que deslegitima a las acusaciones particulares, evidencia que nuestra democracia carece de madurez. Aparentemente, no resultaría difícil argüir que, frente a una acusación infundada, el Estado de Derecho responde con una Sentencia absolutoria. Pero lejos de aprovechar la ocasión para demostrar que España es un estado garantista, a muchos líderes políticos y a varios jefes del cuarto poder (el mediático), les ha entrado miedo, porque además de lo anterior, la Sentencia de la A.N. ha dejado claro que a veces, sí se persiguen ideas, o que el euskara, en el siglo XXI se ha elevado a la categoría delictiva.
 
Que la batalla policial y judicial ha asestado severos golpes a ETA es un hecho tan indiscutible como que la forma más efectiva de erradicar la intolerancia es derrotando esas ideas electoralmente, deslegitimando socialmente a los violentos. Aberraciones jurídicas como el cierre de Egunkaria ayudan tan poco como el silencio impuesto tras una Sentencia ejemplar.
 

 Publicado en El Adelanto de Salamanca, el 19 de abril de 2010

 

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