A vueltas con la Ley (penal) del Menor (I)
De nuevo una manifestación convocada por los padres de una víctima (violada, apaleada y quemada viva, que todo hay que decirlo), y de nuevo un vendaval de titulares contra la Ley Penal del Menor, por dejar “sin castigo” a los delincuentes, o por permitir que “se vayan de rositas”.
La manifestación convocada por Asociación Sandra Palo, reunió en Madrid a centenares de personas, entre las que se encontraban familiares de la niña Marta del Castillo –cuyo cuerpo sigue sin aparecer-. No acudió, pese a su compromiso inicial, Esperanza Aguirre, pero el efecto mediático fue (casi) el mismo.
Que nadie piense que los ríos de tinta que de nuevo ha hecho correr la contestada Ley del Menor tienen nada que ver con lo que “el Rafita” haya hecho o haya dejado de hacer. El tal Rafita, que tenía 14 años cuando participó en el horrible asesinato de Sandra Palo, ya ha cumplido la medida de 5 años de internamiento en un centro (parecido a una cárcel). Sus andanzas son simplemente el caldo de cultivo para quienes consideran insuficiente que un niño de entre 14 y 16 años pueda llegar a pasar internado hasta 5 años, o que un menor de entre 16 y 18, pueda estar “a la sombra” hasta 8 años. Necesitan más, y ese más se traduce en declarar responsables penales de sus actos a niños de 12 años. Y aún más, que al cumplir los 18, no sigan en un entorno con vocación reeducativa, sino que ingresen en un centro penitenciario. Y por si ello fuera poco, que las penas por violaciones y asesinatos, se eleven del tope máximo de 8 años de internamiento (más los de libertad vigilada) hasta los 12.
Que sea la madre de Sandra Palo quien lo diga, es comprensible: se trata de una mujer a la que le han destrozado la vida, y a la que lo único que le consuela es luchar por lo que ella considera Justicia. Lo relevante es que el discurso de las personas que ayer se manifestaban, sea jaleado por “responsables” políticos como Rosa Díez, el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre o Mariano Rajoy, afiliados ambos, a un partido, que culminó la legislatura del viaje al centro con la Ley del Menor.
Frente al calor de la ira, y el “populismo punitivo”, conviene reflexionar en torno a dos aspectos. Primero: si lo que se quiere es una ley punitiva, venganza y años de cárcel para los menores ¿por qué reclamar el cambio de la Ley Penal del Menor y no directamente la aplicación del código penal a los niños? Segundo: puede que haya a quien le parezca que una medida de 5 años de internamiento para quien tiene 14, o de 8 para quien tiene entre 16 y 18, es sinónimo de irse de rositas, pero sinceramente, imponer penas mayores, sería desvirtuar el manido discurso de la reinserción en el que todo el mundo dice creer, pero que todo el mundo insiste en derogar, amén de desconocer las consecuencias que tiene para un menor semejante periodo de internamiento. La vida, que a los adultos se nos consume sin darnos cuenta a medida que cumplimos años, se paraliza como una tortura para el menor encerrado.
Es probable que El Rafita vuelva a delinquir. O tal vez no. Pero bastará con que un niño, de 11 o 12 años, cometa una monstruosidad para que España se sume a la tendencia europea, y rebaje la edad penal. La Ley Penal del Menor, endurecida ya por el PSOE en el 2006 hasta llegar a desvirtuarla, está sentenciada. Y si no, al tiempo.
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