ene
18
2010

De Jomeini a Llamazares: algo más que un retrato

 

Tiene gracia que los creadores del Guiñol tardaran años en hacerle uno a Gaspar Llamazares y que en cambio la CIA haya sido tan perspicaz como para advertir a la población mundial de que la pinta de Bin Laden debe ser muy parecida a la del Diputado de IU. Tanto, que han utilizado su pelo y su frente (cual playmobil) para realizar un retrato robot del terrorista. Aunque pueda tener su guasa, la anécdota merece algunas reflexiones, algunas más serias, otras más jocosas.

Lo primero que uno piensa, al enterarse de la noticia, es que la CIA es más chapucera (aún) de lo que muchos imaginábamos. Con semejante tecnología e imaginación no es de extrañar que convencieran a Aznar de que Irak tenía armas de destrucción masiva. Otra reflexión obligada es la que nos lleva a discutir si la CIA ha dejado en manos del becario que sabía utilizar el Photoshop un asunto que para ellos debe ser de vida o muerte –más de lo segundo que de lo primero-, o si las intención de EEUU tenía una carga más perniciosa. Del mismo modo que Disney construyó a Scar –el malo del Rey León- con rasgos similares a Jomeini y salía con una media luna, la CIA funde en unos mismos rasgos a los enemigos del Imperio: el enemigo comunista y el terrorista islámico. Y de paso se advierte al mundo, de que cualquier diputado con un mínimo tinte magenta, puede sentirse vigilado, pues su foto puede la puede tener la CIA.

Sea como fuere el gesto de Estados Unidos es una ofensa, no ya para los votantes de I.U. sino para el conjunto de la ciudadanía, pues es inaceptable que la imagen de un diputado pueda servir de base para difundir por todo el planeta una idea del terrorista más buscado. Y no es una cuestión menor, ni un exceso de quienes hoy nos rasgamos las vestiduras: todos hemos tenido un profesor, un amigo o un jefe, al que apodábamos “botones sacarino”, “el mortadelo” o “Quijote”, e incluso, aunque suene a chufla, “el Bin Laden”. Yo tuve un profesor de literatura que recordaba al Gran Wyoming, y un director con cierto parecido al árbitro Andújar Oliver. Pero una cosa es caricaturizar o  realizar un retrato robot cuyo parecido recuerda mucho a alguien y otra, utilizar rasgos ajenos y situar a un político en la diana.

Un reputado “bloggero” sugería que la SGAE nunca está cuando se la necesita. No habría dejado de tener su gracia que, además de reclamar una investigación al Gobierno de Estados Unidos, la sociedad de autores hubiera pretendido cobrar derechos por utilizar “por la jeta” el rostro de Llamazares.

Y, amén de que Gaspar Llamazares ha salido más en dos días por esta anécdota que por sus iniciativas; o que por haber sido premiado como el mejor orador del Congreso, cabe preguntarse por el grado de psicosis que afecta a Estados Unidos en particular, y por ende al mundo en general; o por quién saca partido al negocio de un miedo que EEUU retroalimenta cíclicamente.

Hasta hace poco, viajar a Estado Unidos suponía tener que aguantar el mal humor de su policía de fronteras, o rellenar cuestionarios estúpidos y ofensivos. Ahora, las bromas sobre la posibilidad de ser deportado, o confundido con un terrorista, dejan de ser bromas para convertirse en pesadillas de cierta entidad. Y sino, que levante la mano el primero que viajaría a EEUU pareciéndose mínimanente a “Osama Bin Llamazares”.

gorka@gorkaesparza.com

 

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