De Jomeini a Llamazares: algo más que un retrato

Tiene gracia que los creadores del Guiñol tardaran años en hacerle uno a Gaspar Llamazares y que en cambio
Lo primero que uno piensa, al enterarse de la noticia, es que
Sea como fuere el gesto de Estados Unidos es una ofensa, no ya para los votantes de I.U. sino para el conjunto de la ciudadanía, pues es inaceptable que la imagen de un diputado pueda servir de base para difundir por todo el planeta una idea del terrorista más buscado. Y no es una cuestión menor, ni un exceso de quienes hoy nos rasgamos las vestiduras: todos hemos tenido un profesor, un amigo o un jefe, al que apodábamos “botones sacarino”, “el mortadelo” o “Quijote”, e incluso, aunque suene a chufla, “el Bin Laden”. Yo tuve un profesor de literatura que recordaba al Gran Wyoming, y un director con cierto parecido al árbitro Andújar Oliver. Pero una cosa es caricaturizar o realizar un retrato robot cuyo parecido recuerda mucho a alguien y otra, utilizar rasgos ajenos y situar a un político en la diana.
Un reputado “bloggero” sugería que
Y, amén de que Gaspar Llamazares ha salido más en dos días por esta anécdota que por sus iniciativas; o que por haber sido premiado como el mejor orador del Congreso, cabe preguntarse por el grado de psicosis que afecta a Estados Unidos en particular, y por ende al mundo en general; o por quién saca partido al negocio de un miedo que EEUU retroalimenta cíclicamente.
Hasta hace poco, viajar a Estado Unidos suponía tener que aguantar el mal humor de su policía de fronteras, o rellenar cuestionarios estúpidos y ofensivos. Ahora, las bromas sobre la posibilidad de ser deportado, o confundido con un terrorista, dejan de ser bromas para convertirse en pesadillas de cierta entidad. Y sino, que levante la mano el primero que viajaría a EEUU pareciéndose mínimanente a “Osama Bin Llamazares”.
gorka@gorkaesparza.com
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