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La política del mercado: un mercado sin política

Muchas han sido las valoraciones y muy diferentes los titulares que ha suscitado la fusión entre Caja Duero y Caja España. Hay quienes han puesto el acento en los logros alcanzados en pro de una Caja única, otros han preferido subrayar el papel de la actual Caja Duero –y por ende, de Salamanca- en la futura Caja, y sin embargo otros han subrayado los aspectos más negativos, centrando su ira especialmente en los políticos.

Si las Cajas se han visto obligadas a fusionarse ahora, no es sino por imperativo de una crisis económica y financiera, que de nuevo, genera como resultado la acumulación de capitales –y de poder- en unas pocas manos; en el caso Español, parece previsible que en una década no queden más de tres o cuatro entidades bancarias, y no es fácil aventurar si alguna de ellas será una Caja de Ahorros con el carácter público y social que actualmente tienen.

Sin embargo, quienes critican el actual modelo de fusión, centran su ira en los políticos y la política: “es un proceso politizado”, “se han fusionado por orden de las direcciones autonómicas de los partidos”, “sólo piensan en sus intereses y no en los ciudadanos”. Y, aun compartiendo alguna de las críticas –pues no en vano, el proceso lo ha dirigido un PP que no me genera confianza alguna, escoltado por un PSOE sin discurso ni estrategia-, creo que el argumento es erróneo en su raíz. Porque precisamente, el proceso ha sido el contrario. La negación de la Polity, ha supuesto poner en manos del mercado, de los intereses y de los acontecimientos de la crisis financiera, un debate que debió abordarse en sede parlamentaria. Si los políticos hubieran discutido el modelo financiero de Castilla y León, cada cuál hubiera puesto sobre la mesa los intereses que le mueven a optar por un modelo u otro de Caja: UPL, en la misma línea que UPS o que Julián Lanzarote o De la Riva, hubieran señalado que “da igual el modelo mientras la sede de la nueva Caja esté en mi terruño”. Otros hubieran hablado de la necesidad de contar con una Caja autonómica para fortalecer la Comunidad Autónoma en detrimento de las provincias –entidades caciquiles que necesariamente hay que superar-, y algunos, hubiéramos planteado que, o se habla de banca pública o el debate está viciado.

Pero tal y como ya he señalado, el debate se ha llevado en secreto, y con cartas marcadas por los intereses del mercado y por los de la ciudadanía –pues la defensa legítima de ella se realiza a través de sus representantes en las Cortes-.

Y por si alguien tenía dudas, la víctima de que no haya discusión política, es la política pública, pues es evidente que –si bien los representantes políticos no garantizan una efectiva representación de los ciudadanos- lo que es seguro es que sin ellos, lo que suele prevalecer son otros intereses: los del mercado, los del terruño, los de Fermoso –que aún sigue mendigando la presidencia de la Caja-, los del consejero de administración de turno que venderá su voto por otros cuatro años cobrando dietas.

Me parece digno de alabar el esfuerzo de algunos ciudadanos por hacer valer el modelo público de Caja frente a este modelo de fusión, difícilmente definible. Pero yerran si ponen en la diana a todos los políticos, pues  precisamente el resultado de hoy obedece al interés de muchos (incluido el partido que gobierna), en que las decisiones sobre el mercado y las finanzas, no se adopten en el ámbito de lo político, no vaya a ser que a alguien se le ocurra mentar lo público.

2 comentarios a La política del mercado: un mercado sin política

  • [...] de la acción política por el voto no hace más que mostrar una democracia vacía de valores, mero mercado que anticipa el concurso al ideal. Bajo este razonamiento no importan las siglas pues cualquier [...]

  • Alberto

    Me parece un enfoque muy pobre el que le das al asunto.

    Pongamos las cosas en sus sitio: las Cajas son de sus trabajadores y sus impositores.

    Partiendo de ahí, también es digno de resaltar que el negocio de nuestra caja, “La Caja” como muchos la llamamos, se ha basado siempre en su fuerte vinculación con nuestra provincia.

    La Caja y Salamanca han mantenido siempre una relación de simbiosis plenamente satisfactoria: La Caja hace su trabajo, sus trabajadores cobran por ello y los impositores, además de vernos beneficiados por dicho trabajo, disfrutamos en nuestra sociedad de la importantísima repercusión que su Obra Social tiene.

    Pero llegó un día en el que los políticos de nuestra comunidad autónoma quisieron jugar a las macro-cajas y tener una donde poder mangonear tranquilamente, como si con haber llevado a Caja España a su situación actual no les hubiera bastado.

    Son ellos, los que se quieren adueñar un bien que no les pertenece para dotarse de una herramienta a costa de impositores y trabajadores.

    Parece que todo vale, ya sea no renovar los cargos en las cajas como mandaba la ley (no fuera a ser que los dueños de las cajas jugaran a la democracia cuando no debían), ya sea imponer vetos a fusiones con cajas de fuera de Castilla y León.

    Y sí, puede que sea necesario hacer fusiones en el panorama actual, pero las cajas son de quien son y ningún político mediocre debería imponernos con quién debemos fusionarnos, y ni mucho menos, en qué condiciones tenemos que hacerlo. Sin sus vetos a otras fusiones, nos sobran las actitudes paternalistas de políticos que lo único que pretenden es sacar tajada en beneficio propio.

    Y así nos va en Salamanca, con una Izquierda, o mejor, con todas las Izquierdas, que son incapaces de defender que la entidad más importante de la ciudad (a parte de la USAL) siga teniendo la repercusión que le corresponde.

    No nos engañéis con proyectos faraónicos: la Caja es un proyecto hecho por y para nosotros, y si hay que revisar su modelo actual, tendría que hacerse con nuestro apoyo y sin ningún tipo de coacciones.

    Ah, y por último, me gustaría decir que los visionarios de las macro-cajas olvidáis que muchos tenemos nuestro dinero en ella por lo que actualmente es, por la identidad que se ha creado después de más de un siglo de trayectoria, y que si ésta se pierde, dejaremos de ser unos incondicionales de ella.

    Yo no sacaré mi dinero de un día para otro por la repercusión que pudiera tener en los trabajadores de la entidad, pero tengo claro, que a medio plazo, lo haré para que la caída sea lenta y los señores de PPSOEIU os la comáis con patatas.

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