De Utopía a Fruitopía
Allá por el 98 una pintada en un muro de Lavapiés vaticinaba el desencanto: “De utopía a fruitopía. 20 años de Constitución”. Al margen de que cualquier comparación generacional es especialmente odiosa, la reflexión era oportuna: en tiempos de “patriotismo constitucional” parecía pertinente constatar las diferencias entre quienes votaron por primera vez en el año 78 y quienes lo hicieron por primera vez 20 años después.
Ahora, que la crisis arrecia bien podría reflexionarse sobre la juventud por la que hace 21 años se convocó una Huelga General movilizando al país en contra de un plan de empleo que la precarizaba, y la que ahora protagoniza las movilizaciones “en redes sociales”. Mientras en Salamanca se alcanza la cifra de 26000 parados, el Gobierno sube el IVA y la Luz, el Ayuntamiento de Salamanca el Autobús y la ayuda a domicilio, el debate en la calle, como no podía ser de otra manera en una ciudad universitaria, está centrado –no en las elecciones a Rector- sino en la posible (pero poco probable) supresión de la Nochevieja Universitaria, consistente en adelantar a mediados de diciembre las campanadas, celebradas eso sí con gominolas. Este evento, es muy celebrado en Salamanca porque al igual que el hecho de tener Corte Inglés, nos sitúa como ciudad de referencia en el mapa. Por un día las cadenas hablan sin parar de la invención salmantina, en esa ecléctica franja horaria en la que lo mismo se narra el divorcio de una vedette que se televisa un campeonato de petanca en un hogar de jubilado. Se llenas Autobuses desde ciudades lejanas para asistir a un evento cultural sin parangón, los clubes deportivos y los políticos colaboran, los medios de comunicación lo difunden. Todo es felicidad, y se logra la cuadratura del círculo: no sólo la gente es capaz de divertirse en un año nuevo adelantado veinte días, sino que nadie bebe en la Plaza Mayor. Y para colmo de solidaridad, la Universidad colabora en la noble, difícil y solidaria labor de los Hosteleros de vender copas.
Todo iba bien hasta que la crisis hizo acto de presencia, y el Ayuntamiento anunció a los empresarios de la noche, que si quieren Nochevieja con 30000 personas en la plaza, deben pagar los gastos que supone a la ciudad un evento que aunque parcialmente gratuito, genera pingües beneficios a quien la organiza.
Ante semejante afrenta –que por cierto llega tarde, y que al no haberse exigido con anterioridad, parece arbitraria-, las asociaciones estudiantiles han asumido su responsabilidad generacional. Por un lado Unidad Estudiantil, entiende que los hosteleros, siempre ávidos de hacer negocio, se habían aprovechado de una tradición “espontánea”. Frente a ello, apelan al espíritu combativo de la “clase” estudiantil: somos libres, nos mamaremos sin hosteleros. El Colectivo Estudiantil Alternativo, apuntando maneras, se ha decantado por la perspectiva obrerista: “la nochevieja universitaria crea empleo en momentos de crisis, es beneficiosa para los estudiantes y para toda la ciudad”, algo que bien pudiera haber dicho el mismísimo Lanzarote. Por suerte para los estudiantes la movilización ya está en las redes sociales y habrá Nochevieja sí o sí. Y los hosteleros, que han “patentado” la iniciativa, anuncian medidas contra todo aquel al que se le ocurra felicitar el año el día 10 de diciembre.
Que Lanzarote no es político cabal sino arbitrario parece evidente. Que el Ayuntamiento quiere hacer pasar por caja a quienes hasta ahora se han forrado “de gorra” resulta llamativo. Pero que los estudiantes, con la que está cayendo, se movilicen para organizar las campanadas por adelantado es verdaderamente desolador. Pero ya se sabe, "quod natura non dat, Salmantica non praestat".










Es que en Salamanca somos muy de campanada, Yorch. Aunque yo opino que hasta que no las dé Ramontxu García, el bochorno no será completo.