De Ricky Lacoste a Los Suaves

David Summers asegura -en un hit ochentero- no soportar a las niñas a las que todas las canciones les recuerdan algo. A mí al contrario, y tal vez para evadir el tedio, la política me evoca de manera reiterativa, grandes momentos de la música. Así, por ejemplo, cada vez que se menciona el Gürtel, y se habla de Ricardo Costa, me da por pensar en el mítico Ricky Lacoste, cantante de Fiebre Amarilla y sempiterno enemigo de David Summers, al que le levantó la novia con la misma facilidad con la que Correa logra adjudicaciones en Valencia. Ricky, el icono del pijerío en una época en que las referencias eran pijos y punkis, no necesitó nunca que le regalaran trajes de Milano, un chalet en Terra mítica, ni acciones de Orange Market. Le bastaba un jersey amarillo y un Ford Fiesta blanco para pertenecer a la clase ganadora, esa que hoy representa la chupipandi del yernísimo Agag –el clan de Becerril lo llamaban, quizás para que a nadie le diera por hurgar en Boadilla-, y en la que de cuando en cuando entra un “Miguelón” de turno.
La caída del pobre Ricardo Costa, purgado con un cese sin confirmar y suspendido de militancia mientras Camps - amiguito del alma del Bigotes - pasea a sus anchas por Les Corts, resulta tan paroxística como el embadurnamiento en polvos pica pica de Ricky Lacoste, noqueado a la postre en un ring improvisado por David Summers. Vean Sufre Mamón (film musical de los ochenta) y sabrán de que les hablo.
Otra de las noticias de las que no viene mal evadirse es la de la aprobación en el Congreso de la enésima reforma de la Ley de Extranjería para ampliar hasta 60 e incluso 74, los días en que un inmigrante puede ser encerrado en los guantánamos españoles, Centros de Internamiento de Inmigrantes en los que los ciudadanos gozan de menos garantías y derechos que en una prisión (por el delito de no tener papeles) y que han sido denunciados por el Parlamento Europeo, organismos internacionales e incluso el Defensor del Pueblo. La reforma ha sido promovida por el PSOE, como muestra de que tras el ruido mediático, se esconde lo mucho que les une al PP (y no hablo sólo de corrupción o de regalos fiscales).
Quien sabe si para celebrar la sintonía y la oportunidad, o simplemente porque había alguna subvención y no hay que dejar pasar la oportunidad de salir en la foto, en Santa Marta se han celebrado las II Jornadas Provinciales sobre Inmigración, donde además de danza y degustación de productos típicos (no es broma) se ha discutido sobre la futura Ley de Integración de Inmigrantes. Este evento, celebrado en víspera de Todos los Santos me ha recordado a un elepé homónimo de Los Suaves, en el que destaca la canción “Dulces noches de luna y pateras”.
Sentado en la última butaca de dicho Congreso, la vergüenza ajena no me impidió acordarme de un amigo senegalés sobre el que pesa una orden de expulsión y una posible condena a dos años de cárcel por vender discos en una manta para ganarse la vida en un país que le niega la condición de persona pero, como muestra de integración, le aplica el Código Penal. “Peor que matar a un hombre es ahogar su destino”. A punto estuve de preguntárselo al Sr. Colsa, Diector General de Inmigración. Opté por refugiarme en la música y no estropearle la foto.










Se me ocurre otra música para esta época “black steel in the hour of chaos” de los Public Enemy