Nick dile a Mick que le ha llamdo Rick

Esperanza Aguirre, la misma a la que nada importó tener a Eduardo Tamayo y Maite Sáez como parlamentarios con grupo propio –y por lo tanto con ingresos y turno de palabra en prime time- durante la crisis originada por sendos diputados para boicotear un gobierno democrático entre PSOE e IU en la comunidad de Madrid, ha decidido ponerse al PP por montera y echar de su Grupo a los 3 diputados relacionados con el Gürtel: el ex-Consejero de Deportes Alberto López Viejo (ay, cuanto gestor deportivo hay enganchado a la correa), Benjamín Martín Vasco, al que casualmente habían encomendado allá por febrero dirigir la Comisión de Investigación de la trama de espionaje, y Alfonso Bosch, que era al mismo tiempo abogado, profesor universitario (de una privada), gestor de suelo en el Ayuntamiento de Boadilla, y Secretario de Movilización del PP –actividades que nada tienen que ver con el objeto social de Special Events, vamos-.
Aunque pueda parecer que Aguirre ha tomado una decisión valiente, encarando con contundencia la corrupción, no puede olvidarse que desde febrero, el sumario iniciado por Garzón apenas ha acumulado nuevas pesquisas en lo que a la sección madrileña de la famiglia se refiere. No hay pues, razón alguna que explique por qué las responsabilidades políticas no se exigieron antes, salvo que lo que pretenda Aguirre sea apuntarse al sol que más calienta (dejar con el pie cambiado a Rajoy y a Camps).
Llama la atención además, que tras el ruido mediático generado por Aguirre la situación de los Diputados no haya variado en lo sustancial: siguen siendo aforados, por lo que no caerán en manos de Garzón, y que la sociedad parezca conformarse con un simple gesto de Aguirre, en lugar de exigirle cuentas ante una gestión marcada por tres sombras tan negras como el chapapote: su llegada a la Presidencia tras la repetición de unas elecciones boicoteadas de manera bochornosa por el entramado de Tamayo, y el entramado de “MIC Fotocopias”; la trama de espionaje urdida por Francisco Granados para tratar de purgar a enemigos como Gallardón o Manuel Cobo; y el caso Gürtel.
Da igual que desde el PP cesen a tres diputados en un intento a la desesperada por hacernos creer que hay capacidad de reacción, porque la metástasis está inserta en el corazón de unas instituciones desde las que se han favorecido intereses particulares a la misma velocidad que se han privatizado servicios públicos. Valencia o Madrid ejemplifican que la misión del Partido Popular consiste en poner la Administración al servicio del dinero, y la misión del dinero es perpetuar al PP en la administración, siendo anecdótico si las migajas que se desprenden del bigote, caen en el plato de Ricardo Costa, de Bárcenas, o de cualquiera de los 64 imputados en el Gürtel.
La crisis de identidad (política) revelada por las esperpénticas conversaciones de Ricardo Costa, autoapodado Ric, con Alvaro Pérez, el Bigotes, me han hecho recordar a aquel memorable diálogo de una serie de la infancia, Blossom, en el que el padre (Nick), quiere hablar con Mick (Jagger) a través de su secretario (Rick); y tras diez minutos de de confusión, el padre sentencia: -que no, que tú eres Rick, yo soy Nick y quiero hablar con Mick. Da igual el nombre porque lo que importa es que, como bien saben Don Vito (y alguna más), el poder y el dinero permanezcan en la Famiglia.










Aquí en mi pueblo, en Ibi (Alicante) tenemos una especie de trama Gürtel en miniatura (por algo dicen que somos el Centro Español del Juguete).
La solución del equipo de gobierno (del PP, por supuesto), ha sido cortar sus relaciones con el diario El Mundo (!) e impedir el acceso de los grupos de la oposición a la contabilidad municipal.
Lo cuento en mi blog.
Ese capítulo de Blossom lo vimos juntos, Yorch. Hay cosas que es mejor no volver a ver porque no resisten una revisión pero a veces me lo planteo para comprobar si me sigue haciendo gracia.