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Reforma fiscal, valores vs. intereses
No es un secreto que en España, uno de los valores democráticos peor inculcados entre los ciudadanos es el de la solidaridad fiscal sustentada en los principios de transparencia, suficiencia y equidad.El Dr. Bustos Gisbert (Antonio) suele referirse a la “ilusión financiera” para explicar que los ciudadanos exigen más servicios y gasto a la administración, conscientes de los beneficios que conlleva una adecuada política pública (guarderías, comedor escolar, transporte público, becas, sanidad), pero al tiempo parecen desconocer el verdadero coste de la misma, o de manera más perniciosa, tienen la esperanza de que esos costes se trasladarán a otros ciudadanos. Que los impuestos sean claramente percibidos por el ciudadano como el sustento vital del sistema público debiera ser una exigencia similar a la de que un político sea pulcro a la hora de gastar.
Un segundo problema que erosiona el modelo fiscal y socava a la vez cualquier debate racional sobre la perentoria reforma global del sistema tributario español, es el de la desafección que genera en el contribuyente la evidente ausencia de equidad fiscal (horizontal). Mientras los asalariados pagan religiosamente sus impuestos, multitud de sociedades defraudan sistemáticamente su impuesto o el pago del IVA y las grandes fortunas se evaden utilizando ese invento de Zapatero llamado SICAV. “Hacienda somos los tontos” suele escucharse en la calle con la misma espontaneidad con la que un servicio se ofrece a un precio fluctuante en función de si se exige o no factura.
Con naturalidad pasmosa se han asumido en este país tres premisas: es mejor el dinero en el bolsillo que el servicio público en la sociedad (devolución de 400 euros), lo público es peor y más caro que lo privado y la eliminación de determinados impuestos beneficia a ese “todos” en el que los ilusos que aún no han reparado en la crisis suelen autoincluirse. Hablo de esa clase media de la que sospecho que no salían los 150 millones anuales en concepto de Impuesto Sucesiones (bendita herencia) ni los 250 por el Impuesto de Patrimonio condonados ahora en Castilla y León. Cifras superiores a las que ahora Óscar López y Juan Vicente Herrera han comprometido para sacar a Castilla y León de la pobreza (300 millones que no han aclarado como recaudarán).
Hace tiempo que Honorio Cardoso vaticinó la peor consecuencia del discurso de PP y PSOE: “lo malo no es que los potentados se rebelen contra los impuestos para transformar un asunto de valores en una cuestión de intereses sino que hayan logrado convencernos de que los intereses que se defienden son precisamente los nuestros”.
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