17
2009
Un mes sin preguntas ni respuestas

Cuando hace un mes me enteré de la dimisión de José Ramón Alonso como Rector, lo primero que pensé es que tras los motivos estrictamente personales había poderosas razones de ámbito privado, descartando por lo tanto una salida “forzosa” por mor de algún nombramiento en altas esferas, o “forzada” por desavenencias con un equipo que se apresuró a comparecer como continuista, o por algún “escándalo” público.
Pronto, la realidad superó “mi” ficción, y los rumores de que Alonso había agredido a su pareja recorrieron la ciudad sin que la Universidad asumiera la responsabilidad de aclarar si se trataba de rumores, o si efectivamente hay un parte de lesiones.
No voy a ser yo quien defienda que la vida privada del (ex)Rector no atañe a la comunidad universitaria, ni quien escriba soflamas sobre lo que debe o no ser recordado de su mandato, pero permítaseme ser pacato, y tratar de situar mi indgnación en la reacción de la comunidad universitaria más que en la valoración de unos hechos que no me corresponde a mí esclarecer ni enjuiciar, sino todo lo más valorar cuando proceda.
Si José Ramón Alonso se ha visto involucrado en una acusación de violencia de género -con independencia de si los hechos tuvieron lugar en su despacho, o en una velada íntima-, como Rector y representante de toda la comunidad universitaria, debió dimitir y explicar su salida, argumentando la incompatibilidad de hecho que origina una imputación a la que se puede oponer la presunción de inocencia con el ejercicio de un cargo público. “Me marcho para poder limpiar mi imagen, y cuando lo haya hecho, volveré a presentarme (y a ganar)” pudo haber dicho en su despedida.
Si el Rector se negó a hacerlo, y fue su equipo el que le obligó a salir, no puede entenderse que en la primera rueda de prensa no hicieran públicas las razones (traición a la confianza del equipo, existencia acusaciones graves, etc). Nadie hubiera reprochado nada un equipo que habría cumplido con sus obligaciones: gestionar, convocar elecciones y explicar por qué la Universidad se ha quedado sin Rector.
Pero todo el mundo ha optado por la peor de las posibles salidas, y a día de hoy unos se preguntan por qué José Ramón Alonso no se defiende de las acusaciones y otros se indignan al ver que nadie llama a las cosas por su nombre.
Personalmente me niego a resignarme, a aceptar que si no hay respuestas es porque aquí casi nadie hace preguntas, a permitir que una vez más la violencia de género se relegue al ámbito privado y que el silencio de la institucion unversitaria se imponga como razón de estado. Por favor, puede alguien decirme ¿por qué ha dimitido Alonso?
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