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3
2009

Partidos e Independientes (II): las listas abiertas

 









Una de las demandas más repetidas en los últimos años por los electores es la del sufragio en listas abiertas, sistema que permite al elector elegir a sus candidatos preferidos dentro de una lista electoral, cosa que en la práctica suele ser utilizada más para castigar a un candidato conocido, que para premiar al bueno por conocer.

 

Por interesante que pueda parecer, este modelo plantea varios problemas. El primero de ellos, el de conocer a los candidatos. En las Cortes Generales se eligen cuatro senadores, pero los partidos políticos presentan a tres titulares. ¿Cuántos electores del PP conocían a los tres candidatos a senadores de su partido? ¿Y del PSOE? ¿No es acaso utópico trasladar este sistema a una elección de 27 concejales?

 

Para las minorías, las listas abiertas pueden ser un arma de doble filo. Si bien encontrarán dificultades añadidas para dar a conocer a sus candidatos, una vez fuera de la “pugna presidencialista”, su “único” candidato conocido puede ser elegido como tercera o cuarta opción preferida por los votantes de un partido de ideología afín.

 

Para quienes ya ocupan un cargo público, darse a conocer puede ser problemático sobre todo porque no es comparable ni igualmente vistosa la vocalía en la Comisión Mixta Congreso-Senado para asuntos del Magreb con la portavocía del Grupo Parlamentario, o ser la voz de una Comisión de Investigación. Además, según tenga mayor o menor afinidad con la dirección del partido, éste le promocionará ante la opinión pública, y le enviará a debates, o por el contrario, le concederá un papel testimonial.

 

En el caso de quienes aspiran a ser elegidos por primera vez, resulta difícilmente imaginable una campaña en la que además de hacer méritos colectivos, destaquen aspectos por los que ha de votárseles de manera preferente, en relación a sus compañeros de lista y partido. ¿O acaso no concurren con el mismo programa electoral y las mismas siglas?

 

Otro problema es determinar el papel de los partidos este sistema. Quienes pensamos que los programas están por encima del protagonismo personal, entendemos que la estructura de partidos es una garantía. Si los elegidos no cumplen, responde el partido.

 

Pensar que en España el revulsivo democrático llegaría con las listas abiertas choca con la realidad: una preocupante implicación ciudadana en la vida pública, una participación en partidos políticos testimonial, un sistema de medios de comunicación que ha transformado en presidencialista la democracia parlamentaria, y un elemento que distorsiona de manera indiscutible la democracia: los mecenas de las campañas.

 

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