20
2009
Corrupción: ¿en tu casa o en la mía?
Siguiendo a Alejandro Nieto, el pasado lunes defendí que el español medio permanece indiferente ante la corrupción política porque ser corrupto es una cualidad que presupone al político y con la que incluso empatiza (ya que si estuviera en su lugar, haría lo mismo). Hoy analizaré una actitud antagónica que sin embargo tiene su germen en esa misma concepción de la política y por extensión, en el fracaso del Estado a la hora de asentar socialmente unos valores democráticos que están hoy en entredicho.
Suele ocurrir, que algunos ciudadanos, cada vez que interaccionan con la Administración y los poderes públicos (da igual funcionarios, altos cargos, políticos, jueces o alguaciles) ven la alargada sombra de la corrupción en cada una de las decisiones que no les son totalmente favorables. Algunos, desconocedores del funcionamiento del sistema, suelen recurrir a soluciones peregrinas: informan al Rey de la denegación de una licencia de obra, recurren al Defensor del Pueblo para que actúe frente a un vecino ruidoso, o recurren a IU Los Verdes para que limpiemos el río.
Otros, (supuestamente) más formados y mucho más acostumbrados a tratar con los políticos y con la Administración, suelen recurrir a entresijos desde su “conocimiento” del sistema y la esencia corrupta del mismo, para aventurar (y ventilar) prevaricaciones por doquier, contrataciones a dedo, amiguismo y un chalaneo colectivo en el que todos se forran mientras perjudican al ciudadano. El problema es que estos ciudadanos, pese a sus virtudes morales y su extraordinaria perspicacia, suelen renegar de la Justicia (de la que por supuesto también desconfían) y jamás osan plasmar la autoría de sus pesquisas. “Denuncie usted, y nosotros nos personaremos” solía responder cuando uno de estos ciudadanos recurría a IU, intuyendo que –pese a nuestros delirios políticos, y a que “nos beneficiamos del sistema”- somos gentes a la que nos va la marcha.
Pero si los políticos se suben el sueldo es porque se ha asentado una concepción profesional y elitista de la política; hoy los Alcaldes no colocan a nadie porque las empresas privadas ya se encargan de hacerlo por ellos -“todo legal”-, y desgraciadamente en la oposición poco se puede hacer, porque ni tenemos votos, ni participamos de la aprobación de estas leyes y este modelo democrático. Lástima que quienes recurren a nosotros para la bronca, nos dejen solos haciendo política y nos premien diciendo que todos –sin excepción- somos iguales.
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