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Corrupción y morfina

 

¿Por qué cuesta tanto hacer entender al ciudadano la gravedad de la corrupción, o los entresijos de tramas como el caso Gürtel? En “El desgobierno de lo público”, Alejandro Nieto señala que la sociedad está anestesiada contra la corrupción porque el español medio se identifica con el corrupto en la medida en que él haría lo mismo en su lugar, sobre todo si se tiene en cuenta la imagen que socialmente se tiene de la y lo políticos. Sin embargo, y si se analizan electoralmente los efectos de la corrupción (o de sus sombras), puede observarse cómo en realidad ésta sólo afecta a la izquierda, mientras que el electorado perdona a la derecha. Quizás sean reminiscencias del franquismo y de una Transición fracasada, en la medida en que en España se concibe el poder como “propiedad natural” de la derecha mientras que a la izquierda se le exige vocación de servicio público, y que al igual que con los fines cumpla con los medios.

La izquierda parece incapaz de desenmarañar los casos de corrupción de tal forma que el ciudadano conciba la gravedad del asunto. Lejos de aprovechar la nueva oleada de corrupción en España (desplazada ahora al ámbito municipal y autonómico) para introducir modificaciones en las relaciones entre Gobierno-Oposición; Administración-Ciudadano; Poder Público-empresa e interés privado, desde el PSOE se insiste en argumentos de corto recorrido: un cargo público imputado (Camps) debe dimitir. Pero como es sabido, el cohecho es un tipo penal difícilmente perseguible (no solo hay que probar la existencia de dádiva o prebenda, sino el ánimo de comprar/vender voluntades) y que Camps puede ser absuelto. Lo relevante es explicar que políticamente es inaceptable que un Presidente con un sueldo muy bien remunerado, acepte regalos, y más aún si éstos provienen de empresas a las que luego contrata. Por otro lado, la caída de Camps no desenmarañaría una red clientelar forjada durante años sobre la podredumbre de una Administración Pública carcomida por favores, miradas a otro lado, prácticas opacas, figuras interpuestas (fundaciones, patronatos, etc).

En mi opinión la conclusión sobre el por qué de la indiferencia ante la corrupción es desoladora: la debilidad de nuestro sistema democrático, sustentado sobre bases endebles (partidos políticos opacamente financiados, mal vistos, con pocos militantes), un patriotismo que ensalza banderas pero no valores, y un modelo de legitimación en el que lo público y lo privado se entrelazan porque el ciudadano convertido en consumidor, una vez que ha emitido su voto, es tratado como un súbdito.

1 comentario a Corrupción y morfina

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