Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te ceso
Escuchando las disertaciones de Julián Lanzarote –Alcalde enamorado de si mismo- sobre la prensa rosa, la oposición socialista, la espantá de Isabel Bernardo, o sus ocurrencias a modo de “gracia” sobre Marta del Castillo y la trama del PP, he recordado a Martín Casariego cuando decía que “enamorarse es volver a no tener uso de razón”. La cita es de una novela de título premonitorio: “La primavera corta, el largo invierno”. Y es que aunque el anticiclón de las Azores ha concedido una tregua tras un duro invierno, con Lanzarote nunca escampa.
Lejos de asumir con dignidad democrática la necesidad de dar explicaciones allí donde procede, el Partido Popular volvió a ningunear no ya al PSOE, sino a toda la ciudadanía (incluida la que vota a Lanzarote) negándose a responder en el Pleno a las cuestiones suscitadas en torno a la dimisión de Isabel Bernardo, el cese reconvertido en continuidad de Javier Panera y el “si te he visto no me acuerdo” de Lanzarote para con Javier Castro, utilizado para la ocasión por las huestes populares.
Las prisas de Lanzarote para finalizar la sesión plenaria extraordinaria contrastaron como siempre con la plena disposición del portavoz popular Fernando Rodríguez para atender a la prensa en una “conferencia” en las que sólo responde a lo que le interesa. Una doble ofensa: por un lado, a los ciudadanos, porque la responsabilidad del Gobierno se ejerce ante el órgano soberano para controlarlo (el Pleno); y por otro, a la inteligencia de los propios periodistas, al convocarles a un mitin después de haber evitado el debate.
Tras la maraña de nombres propios y de dimes y diretes, destaca la arbitraria política del Ayuntamiento de Salamanca en una materia que debería servir a la ciudad para convertirse en una referencia: la cultura.
En los últimos ocho años han sido sonados los escándalos culturales provocados por decisiones personalísimas –conflicto de la Casa Lis, despido improcedente de quince Trabajadores de la Fundación Cultural, cuasi-ceses del Domus Artium, conflicto con los “amordazados”- y omisiones censurables –supiese algo o no de los anónimos, Lanzarote debió dimitir-. Sin duda alguna sería interesante conocer las verdaderas razones que llevaron a Isabel Bernardo a abandonar sus cargos, pero lo relevante es saber si el Alcalde tiene proyecto político (y) cultural más allá de sus espasmos biliares y sus exabruptos de los que tan orgulloso está. Que Lanzarote diga no saber nada (de nada) es tan zafio como cuando Jesús Gil se encomendaba a su caballo Imperioso para dilucidar la continuidad de sus entrenadores.
Juan, el protagonista adolescente de otra novela de Casariego, decía que “el amor (…) vuelve a la gente medio estúpida y le cambia el carácter”. Nunca sabremos si entre Lanzarote y Panera-Castro-Bernardo hubo amor verdadero, pero de lo que no cabe ninguna duda, es que a Panera, el único que hoy continúa, fue al que dijeron alguna estupidez, por ejemplo, te ceso.
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