Garzón, Juez por meses
La semana pasada, al igual que las anteriores, toda la atención informativa la acapararon los escándalos de corrupción en torno al Partido Popular, unido en torno a una foto en la que las caras eran más propias de un funeral –por un compañero apuñalado en una reyerta palaciega- que de solidaridad en torno a un líder que no necesita enemigos teniendo como amigos a más de uno de los que le acompañaban en la espontánea.
Otra foto destacada ha sido la de Garzón y Bermejo. Que ambos coincidan en una cacería, en semejante momento es tan legal como antiestético y antihigiénico. Puede ser que no hablasen de nada, puede ser que hablasen de la trama de corrupción del Partido Popular, o que lo hicieran sobre las pesquisas en torno a D3M, pero no se entiende que ninguno de los dos se marchara de allí nada más ver al otro.
En cualquier caso, el Partido Popular ha aprovechado la oportunidad para embestir contra el Juez de la Audiencia Nacional tratando de restar credibilidad a sus actuaciones e intentando, sobre todo, que no se hable de sus escándalos. Tratar de personarse en el caso o de recusar a Garzón, a estas alturas carece de credibilidad.
Garzón es un juez venerado y vilipendiado por unos y por otros, según sea la orientación de sus autos. Unas veces fue el héroe de la derecha. Entonces Garzón se enfangaba en las pestilentes cloacas del Estado y descubría una trama en la que se malversaban fondos “reservados” para pagar el silencio de mercenarios utilizados por el propio Ministerio del Interior para vulnerar el Estado de Derecho. En las filas socialistas se hablaba de despecho, inquina, odio y frustración de un Juez que supuestamente tuvo aspiraciones de llegar a ser ministro. La derecha destacaba su honradez, y sus plumillas oficiales ganaban dinero a espuertas a costa de trocear sus sumarios ante el estupor de la población –y probablemente del propio magistrado-.
Años más tarde, el Juez indagó sobre los militares argentinos y dictó una orden de detención contra Pinochet, lo que despertó las iras de quienes hasta entonces le habían jaleado y las de quienes siempre recelaron de él por imputar a Guardias Civiles –caso UCIFA-. En la bancada socialista aún no había aplausos pues predominaban entre sus ocupantes los manifestantes ante la cárcel de Guadalajara, no en vano, “ellos también eran Pepe Barrionuevo”.
Ahora que Garzón ha indagado en la red clientelar del Partido Popular, debilitada por las eternas peleas en su “Consejo de Administración”, el PP trata de desprestigiar a Garzón recuperando argumentos utilizados en su día por González, Vera, Barrionuevo: “Quiere ser Ministro y por eso nos ataca”, “hay chalaneo con el PSOE”, etc.
Si alguien obviase que Garzón siempre ha destacado por su independencia, podría solicitar que la figura del Juez, fuera como la de aquellos abuelos que viven por meses en los hogares de cada uno de sus hijos, pare regocijo de los nietos en el mes que el abuelo les tocaba en suerte.
Si alguna a mí me toca el mes de Garzón, tengo un listado preparado: bancos que jugaron al Monopoly con dinero ajeno, constructores que primero edificaron y luego solicitaron permisos, y algún que otro político, dado a enviar papelitos anónimos, o a regalar cargos de confianza a quien los elabora.










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