dic
15
2008

Fu Manchú y el Monte de Piedad

El profesor Juan Carlos Monedero citando a Vázquez Montalbán solía explicar que quienes han visto las películas de Fu Manchú se quedan con una cierta visión conspirativa de la Historia. Desconozco si en nuestra Comunidad las películas de Christopher Lee marcaron época pero a juzgar por la percepción que se tiene del papel jugado por partidos y sindicatos en la manida fusión de Cajas de Ahorro, bien podría corroborarse la teoría de novelista y profesor.
 
Y es que según algunos dirigentes políticos (exentos -según ellos- de la maldad que impera en el resto de estructuras partidistas), lo que a partidos y sindicatos les ha movido a la hora de plantear una posible fusión de Cajas de Ahorro es “la necesidad de tener pesebres para sus hordas de gente que buscan un buen sueldo” insinuando de facto que la clase política, empresarial y sindical está decidida a mangonear organismos que llevan “más de cien años funcionando sin injerencias”. Ahí es nada.
 
Más bien al contrario, las Cajas de Ahorros y los Montes de Piedad, al igual que el Derecho Laboral o la Seguridad Social surgen como respuesta a las demandas del movimiento obrero a principios del siglo XX. Al igual que se limitó la jornada laboral o se estableció el Retiro Obrero, se pusieron en marcha casas de empeño para las clases más desfavorecidas. Con la Constitución, dando una de cal y otra de arena, se permitió a las Cajas jugar papeles similares a los de la banca privada al tiempo que se institucionalizó el carácter social de las mismas, controladas por los poderes públicos y con participación social.
 
En el debate sobre la fusión de las Cajas de la Región, la izquierda, representada por IU, CCOO y UGT, ha reiterado que la fusión debe realizarse para conseguir un instrumento público que aporte cohesión a la región más grande, despoblada, envejecida y pobre del país, siempre con respeto a los intereses de los impositores, evitando que la centralidad no suponga opacidad y con la garantía de que la intervención pública debe realizarse para fortalecer lo público y no los intereses privados, personales o provincianos (una visión antagónica a la de Julián Lanzarote, por ejemplo).
 
Algo debemos haber hecho mal cuando, en plena globalización (tecnológica y de mercados), de lo que se habla es de dónde se ubicará la sede central del Grupo de Cajas o de a dónde irá a parar la Obra Social.
 
Aunque quizás sea mejor enfocarlo de otra manera. La derecha política y social sigue marcando la agenda: mientras se discute sobre si la sede le corresponderá a Salamanca, Valladolid o Leon, “nadie” se atreve a plantear la necesidad de recuperar las Cajas como modelo de banca pública frente a la voracidad de la banca privada, culpable de la crisis precisamente por su exceso de autonomía.
 
Si bien a mí el carácter maquiavélico del doctor Fu Manchú, más que miedo, me hizo reír, las suspicacias y teorías conspirativas que regionalistas (UPS) y antinacionalistas (Ciudadanos y UpyD) achacan al resto me estremecen, pues no deja de ser curioso que unos y otros demuestren al mismo tiempo semejante apego a los intereses de una institución como Caja Duero anteponiendo el provincianismo a las necesidades de los ciudadanos: una banca pública, transparente y al servicio del interés general.

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