IBI ius?
Ergo ubi homo ibi ius. Esa es la conclusión del proverbio que asegura que “donde hay hombre hay sociedad y que donde hay sociedad hay derecho”. Bien diferente es lo que el ciudadano de a pie concibe en sentido negativo. Esto es, aquello a “lo que no hay derecho”. Y en la sociedad salmantina esas reflexiones, han pasado esta semana por el I.B.I (el impuesto), las tasas y las deudas, de unos y otros.
Y es que no hay derecho a que los ciudadanos, con el agua al cuello, tengan que pagar la crisis de recaudación de un Ayuntamiento que, endeudado hasta límites insospechados, verá reducidos sus ingresos porque esta ciudad, como otras, se ha encomendado al ladrillo y hoy por hoy, nadie construye. Junto a la falta de ingresos provenientes de impuestos de obras y construcciones, los ciudadanos observan atónitos e indignados como de nuevo el Ayuntamiento ha dejado que prescriban nuevas deudas de constructores. Veintinueve expedientes sancionadores contra distintas infracciones urbanísticas en la capital salmantina, valoradas en alrededor de tres millones de euros que, de haber sido cobrados, habrían servido para llevar a cabo inversiones necesarias en barrios, o para que al menos el ciudadano perciba cierta justicia el pago de los tributos y en el cumplimiento de sus obligaciones.
Porque en Salamanca, no nos engañemos, hay un doble rasero según se sea ciudadano o constructor –o un hostelero, o un club de fútbol, o la Caja, o un consejero afiliado al PP-… de nuevo el concepto de cliente, como sustento de un partido que lleva ya demasiados años gobernando en mayoría absoluta, se superpone al de ciudadano libre, con derechos y deberes, el único válido en democracia.
Y mientras tanto las Ordenanzas Fiscales del 2009 consagran una nueva subida de precios públicos (25% por ejemplo, en el autobús) y una de las subidas más escandalosas del IBI.
Y del IBI habría que reflexionar en profundidad. Según un informe difundido realizado por el Ayuntamiento de Madrid, Salamanca es la capital de provincia con el IBI más caro de cuantas realizaron la revisión del catastro antes de 1998, y la cuarta más cara de todo el país.
Teóricamente, y al tratarse de un impuesto directo, la izquierda no vería con malos ojos una subida progresiva del IBI y un tipo específico para gravar las viviendas vacías. Ese no es, evidentemente, el modelo de Salamanca, donde los ciudadanos vieron como el Ayuntamiento subía el IBI para hacer frente a una deuda generada por los desmanes de Lanzarote. Por eso miles de ciudadanos se echaron a las calles hace un año.
Otros sin embargo callaron. Y es curioso, porque es a ellos a quien más daño debería hacer la subida. Hablo de los propietarios (no de una, sino de decenas) de pisos cerrados a cal y canto (hasta 15000, se calcula que hay en Salamanca).
Si el ciego supo que Lázaro no protestaba mientras comía uvas de dos en dos, era porque sabía que él las cogía de tres en tres. Probablemente lo mismo ocurre en Salamanca donde lo que el Ayuntamiento quita con la izquierda (impuestos) lo regala con la derecha (en forma de prescripciones).
Lo malo es que quienes se benefician de semejantes artimañas siempre son los mismos.










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