“7-O por un trabajo decente”
Si no fuera porque en algunas ciudades no se ha visto ni un solo cartel animando a la participación, o porque las convocatorias se han hecho para que acudan no se sabe muy bien qué tipo de trabajadores que se pueden permitir el lujo de ir a una concentración, en una plaza recóndita, a las 12:00 de la mañana sin faltar a su trabajo, podríamos decir que algo empieza a cambiar o lo que es lo mismo, que la izquierda está y se la espera, porque tiene mucho que decir en este contexto de crisis mundial.
Mañana 7 de octubre se celebra la “Jornada Mundial por el Trabajo Decente”, convocada por la Confederación Sindical Internacional (CSI). En Europa no hay poco que reivindicar: para empezar, se trata de frenar la oleada (que puede convertirse en tsunami) de medidas que harán que la crisis la acaben pagando los de siempre, es decir, los trabajadores: aumento de la jornada laboral -65 horas proponen sin ningún rubor-, congelación salarial, abaratamiento del despido. Pero también hay aspectos relacionados con el trabajo y con la decencia, que no se pueden ceñir al salario o la duración de la jornada.
Personalmente alzaré mi grito contra ministros sinvergüenzas que hablan de la indecente expulsión de inmigrantes sin rubor alguno y rubrican “Directivas de retorno” con la legitimidad de los votos de la izquierda. Me gustaría que se rompiera el silencio cómplice de una sociedad que considera que hay personas que tienen más derecho a trabajar que otras.
La movilización es necesaria porque no sólo se trata de una casta de dirigentes políticos alejada de sus bases sino de una bases, las socialistas por ejemplo, enfervorizadas cada vez que se les menta la Conferencia Episcopal pero que aplauden a rabiar todas y cada una de las medidas adoptadas por un ministro y por un gobierno sin caer en la cuenta de las peligrosas similitudes entre dichas medidas y las que hubiera propuesto Aznar.
Y es necesario movilizarse, identificar los problemas, ponerles nombre, e incluso señalar con el dedo, ante tanto “caos” interesado en el marco político. Porque si se analizan las posiciones adoptadas por las diferentes fuerzas políticas en la crisis económica, amén del estupor que éstas generan, habría que hilar fino para no tener la sensación de que, o uno se está volviendo loco, o de que nos están tomando el pelo. Derechas que alzan la bandera del intervencionismo para salvar al mercado del colapso generado por la inhibición de los políticos; “izquierdas” que aplauden esas intervenciones al tiempo que azuzan la bandera del miedo a la inmigración, que apuestan por el “cheque bebé” o los 400 euros mientras se lavan las manos ante la denominada progresividad en frío” (aumento de los tipos del IRPF sin tener en cuenta que los aumentos de renta se acompañan de un aumento mayor de la inflación)… Y lo peor es que empieza a dar igual quien hable, quien grite o cómo se gesticule porque da la impresión de que siempre suena la misma música.
Por eso confío en que detrás del 7 de octubre y de esta primera Jornada Mundial reivindicando un Trabajo Decente, tanto los sindicatos como las fuerzas políticas de Izquierdas entiendan que cuando se está en la encrucijada lo mejor que se puede hacer es clarificar las ideas y movilizar a los ciudadanos, especialmente a los trabajadores.










Invitación a sumarte a la campaña blog que apoyan la jornada mundial por el trabajo decente
http://www.otromundoesposible.com/?p=1811
Un saludo.