La izquierda despistada

Opina Joan Ridao, portavoz de ERC, que Joan Herrera y las huestes de ICV son unos “calientabraguetas”. No sólo por ser excesivamente coloquial, es desafortunado el término. Habría bastado con definir a ICV como la izquierda despistada aunque, claro está, no es el portavoz de Esquerra, el más indicado para dar lecciones a nadie pues si los unos están despistados mucho me temo que los otros no están ni en la izquierda.
Que en plena crisis económica ICV pida que el Presidente del Gobierno comparezca en Agosto para hablar de la financiación (del Estatut) evidencia que la crisis de la izquierda no pertenece en exclusiva a Izquierda Unida.
Al amparo de una modernización corporativa y de una especial habilidad para transmitir mensajes sutiles, y para dejar claro que lo suyo no es la izquierda casposa, ICV ha protagonizado un giro en el que los valores de la izquierda –la tradicional y la moderna- han sido sustituidos por términos como “catalanismo”, “nacionalismo de izquierdas”, etc.
Porque no nos engañemos, el amago de ICV no respondía a una inquietud por mejorar el modelo de financiación para vertebrar una España federal y solidaria. No se pretendía abordar si lo que interesa es dar más dinero a los territorios más grandes (que están despoblados), si lo que hay que primar es la financiación de quien tiene que sostener un buen entramado de servicios públicos, o si hay que apostar por sacar a algunas comunidades del “desierto”. A ICV le interesa su Estatut, de la misma manera que en la crisis del cercanías de Barcelona –junto al acertado discurso social en el que contraponía AVE y Cercanías- lo que interesaba era conseguir las transferencias en materia ferroviaria (y las del Prat, y así un largo, etc).
Más aún, lo que llama poderosamente la atención, es la competición absurda por ver qué socio del tripartito catalán causa más problemas a Zapatero (es decir, quien es más catalanista) y al tiempo quién es más responsable (es decir, catalanista al cuadrado). En medio de tanto tacticismo pierden fuelle las cuestiones de fondo.
Y no me mueven los prejuicios, sino la libertad para removerme en la silla mientras analizo el acuerdo alcanzado entre el Gobierno e ICV, en Agosto y al margen del Parlament y tan lejos del Senado –anhelada Cámara de debate territorial-. «Con Aznar hemos conseguido más en diez días que con Felipe González en 13 años» justificaba el ufano Arzallus su pacto para hacer de Aznar un Presidente catalanoparlante en la intimidad. Déjà vu.
Las trampas del Estatut evidencian la debilidad del modelo de financiación autonómico-confederal del mismo modo que los gestos de ICV incitan a pensar que en la izquierda algunos están pero tal vez sea mejor no esperarles demasiado.
Publicado en El Adelanto el lunes 25 de agosto de 2008
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