ZP: de la ética a la táctica*

3 Agosto 2007

 ZP 

 

No habrá gobierno de izquierdas en Navarra. No habrá cambio. Ni tan siquiera elecciones anticipadas. Zapatero ha hablado, o peor aún, ha dejado hacer y hablar a José Blanco, y éste ha decretado que el PSN no debe pactar con Izquierda Unida y Nafarroa Bai en Navarra. “En este contexto debe gobernar la lista más votada” aseguran desde Ferraz.

 

Desde una óptica de izquierdas, no se puede negar que la decisión del PSOE causa estupor y frustración. Es lógico, puesto que cualquier partido político de izquierdas, no sólo aspira a gobernar sino que se siente en la obligación de hacerlo, para lograr transformaciones sociales que colmen las aspiraciones de los ciudadanos –especialmente los que le votaron, más aun si en campaña se agitó la bandera del cambio-. Al margen de la procedencia de los diferentes integrantes de la coalición Nafarroa Bai, y especialmente de su dirigente, Patxi Zabaleta, hay elementos que resultaban claros en el acuerdo de gobierno: la aceptación del nacionalismo vasco de la plena soberanía navarra –PNV y EA han asumido que Navarra será lo que los navarros quieren que sea, y no lo que el Lehendakari vasco quiere que sea- y el abandono de posiciones “radicales”, la presencia de Izquierda Unida para garantizar un rumbo claramente de izquierdas, y la delegación del liderazgo de gobierno en el PSOE  navarro a fin de garantizar equilibrio, estabilidad y una relación fluida con “Madrid”, elemento sin duda imprescindible, en la coyuntura actual.

 

Zapatero aseguró en el Debate del Estado de la Nación que el cambio había triunfado en Navarra. No le faltaba razón. Por fin había caído la mayoría absoluta de la versión más radical, neofranquista e inmovilista del Partido Popular: la UPN.  Partiendo de esa base, los tres partidos, no sin dificultades llegaron a un acuerdo en el que unos (Nafarroa Bai, entregando la presidencia al PSOE),han cedido mucho más que otros.

 

Y en estas estábamos hasta que a la Ejecutiva Federal Socialilista le ha entrado, como suele ser habitual, el tembleque, el miedo a la derecha y la obsesión por una estrategia en la que la izquierda siempre es subsidiaria a la necesidad de ganar, o mejor dicho de gobernar –en Madrid, claro está-.

Zapatero comenzó la legislatura anunciando que el poder no le haría cambiar. En dos meses había retirado las tropas de Irak y había llenado su agenda de importantes medidas sociales (ley de igualdad y de dependencia), reforma de derechos civiles (bodas gays, ley de identidad de género), y había paralizado el Plan Hidrológico Nacional aprobado por Aznar. Eran los principios éticos de un Zapatero aplaudido por jóvenes y mayores, crecido ante un triunfo inesperado, apoyado la izquierda o mejor dicho, por todo aquello que no fuera el PP.

 

Y quizás ahí ha estado la clave. De los principios éticos y de izquierdas Zapatero ha ido virando su política en base a posiciones tacticistas en la que le ha valido el apoyo de cualquiera, cosa que no le ha resultado difícil, a tenor de las posiciones ultramontanas del PP.

La reforma fiscal pactada con los nacionalistas moderados ha contentado a la derecha, las políticas económicas de Solbes son tan aplaudidas por la derecha que hasta el PP ha tenido que rescatar a Rodrigo Rato. Moratinos no sabe si va o viene, las tropas abandonaron Irak para acampar en Afganistán, y la política educativa se ha limitado a maquillar las reformas de Pilar del Castillo criticadas entonces por ZP detrás de una Pancarta.

 

Por miedo al PP y a la derecha mediática, Zapatero ha frustrado un gobierno de cambio en Navarra. Por miedo al PSOE Catalán, Zapatero cedió cuando lo que le hubiera gustado era un pacto con CIU. Por ansia de poder, entregó a un partido regionalista cántabro en 2003, el poder, cuándo éstos tenían la mitad de votos que ellos. Y si hoy los papeles del archivo duermen en Cataluña no es por los principios de ZP sino por la presión de Carod Rovira. Porque si en Salamanca hubieran primado los principios de izquierdas, ni un solo papel habría salido del Archivo sin estar abierto antes el Centro de la Memoria.

Decía Marx (Groucho) que “si no le gustan mis principios, tengo otros”. Algo parecido ha debido pensar ZP, al que no sabemos si el poder, o la presión de la derecha, le han obligado a cambiar los principios por la táctica .

  Gorka Esparza Barandiaran

* Publicado en El Adelanto y La Voz de Salamanca

2 comentarios

  1. Carlos escribió:
    3 Agosto 2007 a las 20:51

    ¡Que no se equivoquen: Madrid es la capital del Reino de España!
    La coalición Nafarroa Bai lamentó el cambio de postura de los socialistas y pidió nuevas elecciones, pues, afirma, “no es de recibo” que se decida en Madrid “cómo ha de conformarse el futuro de Navarra”.
    Sin entrar a valorar los enjuagues de ZP con el asunto de Navarra, la respuesta de los traidores a España de Nafarroa Bai denota su odio a nuestra patria común.
    Señores de Nafarroa Bai, les guste o no, la capital del Reino de España es Madrid, y es normal que cualquier partido político nacional tenga su sede en Madrid y allí se tomen las decisiones que afecten a todas las comunidades autónomas, incluida la comunidad foral de Navarra.
    Un poco de geografía no les vendría mal.

    Carlos Menéndez
    http://www.creditomagazine.es

  2. pasaba por aquí escribió:
    9 Agosto 2007 a las 14:54

    Veo que cada vez le va gustando más los argumentos del PP son las mismas palabra que utilizo Rajoy citando tambien al bueno de Groucho.
    Usted tambien tiene esa clase de principios en cuanto a lo que se refiere a la democracia interna de un partido nadie le puede eclipsar. Salvo la estrellita de su novia o de su madre ¡Viva los nepotes!

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