feb
2
2004

¿Por qué no funciona el Senado?

Publicado en La Gaceta de Salamanca, febrero de 2004

Desde sectores académicos y también políticos, se viene insistiendo en la poca utilidad de una cámara como la del SENADO en su función actual. El Senado no ha pasado hasta ahora, de ser una cámara de “segunda lectura”, es decir, que solo interviene para revisar las leyes que elabora el Congreso de los Diputados.

En otras realidades políticas, con instituciones federales y autonómicas, la segunda cámara tiene un papel articulador de la pluralidad territorial. En el Sistema Político Español, sin embargo, aún no se ha conseguido que el Senado cobre la importancia que realmente debe tener. En primer lugar porque el PP ha arruinado cualquier expectativa de progreso en el desarrollo del modelo autonómico en base a su férrea postura de “proceso cerrado”. Más aún, hablar de federalidad, se ha convertido hoy en una herejía pues al PP debemos “agradecerle” que cuando algún grupo plantea la necesidad de reformar el esqueleto constitucional, se le identifique con un enemigo del Estado.

Otra de las razones por las que aún no se ha abordado la reforma del Senado que todos los partidos apoyan cuando no gobiernan, es la de su injusto mecanismo de elección. No podemos olvidar que a pesar de que es la única elección con listas abiertas, rige el sistema mayoritario (3 a 1) lo cual genera, por un lado, bipartidismo –es decir, “estrangula” a las minorías- y por otro lado, holgadas mayorías absolutas, que bien muy bien a quienes en ese momento detentan el poder. Es decir, se bloquea el proceso de reforma.

La tercera razón por la que ha sido imposible realizar dicha reforma, es la naturaleza de la misma. Reformar el Senado implica reformar la Constitución Española, y esto a su vez requiere la presencia obligada de “grandes y buenos políticos”. A día de hoy, a nadie se le escapa que el consenso es un valor absolutamente desprestigiado. Frente a los “Políticos de Estado” nos encontramos con la nueva “Razón de Partido” consistente en gobernar atendiendo a los intereses del partido frente el interés general y aplastar al resto, pues son enemigos políticos y del estado. Ese es el legado del “Aznarismo” en materia Constitucional.

La mejor prueba del error que supone plantear que reforma constitucional y estabilidad política son conceptos contrarios, es la estabilidad de la que gozan países como Alemania o EEUU, en los que existen dos Cámaras, una de las cuales, representa a los Estados, y no sólo tiene más actividad que el nuestro, sino que a pesar de que en muchas ocasiones, no es del “color” del Gobierno, nunca se ha convertido en elemento desestabilizador, más bien al contrario, ha servido para controlar de manera más exhaustiva al Gobierno.

Un Senado activo significa profundizar en la coordinación de políticas, debatir sobre financiación autonómica y modelo de estado, significa también diálogo y posibilidad de compartir experiencias políticas positivas, en clave autonómica o federal, sin la tensión partidista, y claro está, un instrumento más eficaz al servicio de los ciudadanos.

 

Aportar soluciones en torno a la pluralidad territorial, aspirar a un modelo en el que estén cómodos quienes mantienen posturas nacionalistas, y aspirar a instrumentos eficaces de control parlamentario, y de agilidad normativa supone a día de hoy, un peligro evidente para la paz de quienes gobiernan, es cierto, pero también un menoscabo de muchos de los valores democráticos y constitucionales.

About the Author: Gorka Esparza

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