Este blog estará fuera de servicio. A mediados de julio podrás leerme de nuevo aquí, en La Voz de Salamanca, y en El Adelanto.
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Cayó el Bretón. O mejor dicho “nos lo tiraron encima”, con la misma brutalidad con la que golpea quien sabe que sus actos serán impunes.
Durante las próximas semanas, o meses, mientras el Bretón permanezca en el estado ruinoso en que lo dejaron las máquinas enviadas por Santher, habrá quienes culpen “a los ecologistas” (o sea, a Los Verdes), por estar paralizando obras, por estorbar, por estar en contra de todo, por recurrir de nuevo a los tribunales para lograr notoriedad, etc. Los más leídos, siguiendo a Robert K. Merton, tildarán de “ritualismo burocrático” la actitud del letrado de Los Verdes, por ampararse en resquicios del procedimiento administrativo (aunque en esta ocasión sería mejor hablar directamente del código penal, y con él en mano, de delincuentes) para desvirtuar los fines.
Pero esa lectura, amén de interesada nada aporta en lo que al fondo de la cuestión se refiere. Más bien al contrario, cabría plantear el siguiente interrogante: ¿cómo es posible que el problema sea cumplir la Ley –y el Reglamento- para quien tiene mayorías cualificadas para hacer la ley a su antojo, para modificarla y para influir en el nombramiento de quienes vigilarán por su cumplimiento? Y como una losa, cabría responder que, pese a que en ocasiones, lo único que queda del Estado de Derecho es su formalismo, éste se le atraganta insistentemente al Alcalde de Salamanca y a su Ayuntamiento.
Tratar de culpar a Los Verdes, e incluso cargar únicamente contra Santher –empresa condenada por atentar contra la ordenación del territorio- sería como aquel que en vez de mirar a la luna, concentraba su vista en el dedo que la señalaba.
En la muy culta y docta ciudad de Salamanca, los espacios culturales perecen en un estado ruinoso, de tal forma que uno no sabe si desea con todas sus fuerzas que edificios como el Bretón, mueran cuanto antes para dejar de asistir a su indigno final, cerrado y abandonado, al servicio de la especulación; o si por el contrario, prefiere que cualquier institución haga lo que sea para salvar “los muebles”, rehabilitando el inmueble a cualquier precio, para que una empresa se lucre, aunque solo sea por mantener vivos nuestros recuerdos.
Y, como suele ocurrir, todo es mucho más complejo. Para empezar, porque en clave política, gobernar debería significar intervenir. Y en el caso del Bretón, había dos soluciones ante su intencionado abandono: en un ámbito, declarar el espacio como Bien de Interés Cultural. En el otro, recurrir a la Ley de Expropiación Forzosa. Pero al PP (y a un timorato PSOE) le sale urticaria solo de pensar en la posibilidad de perjudicar un interés particular para favorecer el de toda una ciudad, a la que de nuevo se arrebata un espacio, que más bonito o más feo, con más o menos valor desde el punto de vista del patrimonio histórico, pertenecía a la fisonomía de la ciudad, a su identidad y su memoria.
Mientras la jueza dilucidaba sobre la necesidad de mantener la paralización cautelar del derribo del Bretón, en el Ayuntamiento, el Grupo Popular rezaba para que la decisión judicial no prolongara la vida de un teatro medio derruido. Tal vez porque los escombros del solar, sea más difíciles de disimular que los manifestantes a los que una policía política ya se encargó de identificar. Así son las cosas en esta capital cutrural.
Segunda. Con una Europa convulsionada por la crisis, el desdibujado papel del Estado y en pleno retroceso de derechos, pocas fuerzas políticas hablan con claridad de cuál es su modelo en relación a los siguientes aspectos: el papel del Estado en el seno de la U.E., el papel de la UE en relación al gobierno mundial de la economía (FMI, Banco Mundial y multinacionales), y la política comunitaria de defensa e inmigración.
Tercera. Mientras el PSOE recurre de nuevo al dobernmann para asustar al electorado de izquierdas, las coincidencias programáticas, y pragmáticas con el PP son peligrosamente parecidas: socialistas y populares coincidieron en el voto favorable a la vergonzosa Directiva de Retorno, de la misma forma que en su día apoyaron la liberalización del sector ferroviario (de consecuencias conocidas por los salmantinos) o que en España han pactado “mutilar” la jurisdicción internacional de la Audiencia Nacional. Todo ello por no hablar de la jornada laboral de 65 horas, ocurrencia de un socialista checho, que sólo obtuvo la abstención del ministro español de Trabajo.
Cuarta: como ya es costumbre en España, aunque no por ello menos reprobable, sólo habrá debates entre los candidatos de PP y PSOE, cuando amén de las importantes coincidencias de sus partidos, la política europea es por fortuna, mucho más plural.
Quinta. Cuando todos ya dábamos por muerto al Constitucional, éste ha enmendado la plana a un Ministro que ya está tardando en dimitir, por haber intentado ilegalizar sin pruebas, a una formación que, cuente o no con el apoyo de Otegi, habría sido escandaloso dejar fuera del proceso electoral. De nuevo, silencio en PP y PSOE.
Sexta. La importancia cualitativa y cuantitativa de la política comunitaria queda en entredicho cuando la mayoría de fuerzas políticas quiere plantear en clave nacional (o local) las elecciones. El PP plantea los comicios en clave de primarias y el PSOE, como bien señala su eslogan se la juega en las europeas.
Séptima. Los nacionalistas (de uno y otro signo), como si la crisis y los problemas de los trabajadores fueran de otro planeta, aprovechan para recuperar sus hits. Los unos reclaman unidad de España en Europa, los otros, con la que está cayendo, priorizan la cooficialidad del catalán, vasco y gallego en la UE.
Octava. Las elecciones europeas son siempre una oportunidad para dar rienda suelta a coaliciones esotéricas. Ahí está la encabezada por Miguel Durán, en la que se ha integrado UPS, con Ciudadanos de España, Libertas y el partido del inefable Eduardo Tamayo. Por su parte, Los Verdes, que en 2004 optaron por el PSOE, y en 2007 por IU, dan un nuevo bandazo: ahora con ERC, BNG y Aralar. Inexplicable.
Novena. Que algunas papeletas omitan candidatos y siglas, de tal forma que el elector piense estar votando al quinto candidato de “Los Verdes-Europa de los Pueblos”, cuando en realidad ese candidato es el 32 de una lista encabezada por ERC solo puede calificarse de fraude.
Décima. Si usted apuesta por soluciones de izquierdas ante la crisis de derechos, esta vez no hay excusas. La circunscripción electoral es única, y todos los votos suman.
Para bien y para mal
Una mano se ofreció
Me fue llevando la corriendo
Para mal y para bien
No la quiero la mitad Aguas tranquilas y rebeldes
Para bien y para mal
Antonio Vega falleció en Madrid el 12 de Mayo de 2009
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